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Desde el año de 1985, la Asamblea General de la Organización
de las Naciones Unidas (ONU) acordó que el primer lunes del
mes de octubre de cada año, se festejaría el Día Mundial
del Hábitat. Esta conmemoración debiera invitar a todas
las naciones del planeta a reflexionar sobre el estado
actual de nuestras ciudades, vinculado con el derecho básico
a gozar de un medio ambiente adecuado para nuestro
bienestar.
Este año –donde, por cierto, la conmemoración tiene como
sede a la ciudad de Aguascalientes, México- , la ONU ha
subrayado el tema de “Las ciudades y el cambio climático”.
Se trata de fortalecer la conciencia colectiva de que es
justamente en las ciudades donde se desatan las principales
causas del cambio climático; pero que también, es en éstas
donde se verán los mayores impactos y de donde pueden y
deben surgir las soluciones más viables para su mitigación.
La conmemoración del Día Mundial del Hábitat es
especialmente significativa este año, pues será justamente
en este mes de octubre cuando la población mundial alcance
la cifra de 7 mil millones de seres humanos en el planeta.
Más de la mitad de la humanidad vive hoy en ciudades y, de
esta mitad, un 84 por ciento lo hacemos en ciudades pequeñas
o medianas, y un 5 por ciento habitamos en las llamadas
“mega-ciudades” (como lo es la Ciudad de México).
Fue a finales de los años cincuenta cuando la mayor parte de
la población mexicana se asentó en áreas urbanas. Cinco
décadas después, la zona metropolitana del Valle de México
–con alrededor de 22 millones de habitantes- es hoy una de
las cinco urbes más pobladas del planeta; sólo es superada
por las conurbaciones Nueva York-Filadelfia (con más de 30
millones de habitantes) y Tokio-Yokohama (con cerca de 35
millones).

De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario
Internacional (FMI), al ritmo actual de urbanización se
espera que para el año 2030 el 60 por ciento de los seres
humanos vivamos en ciudades. Además de que presenciaremos el
agravamiento de los problemas derivados de la demanda de
vivienda, acceso al agua potable y drenaje, así como de todo
tipo de servicios públicos, se estima que el crecimiento de
las ciudades impactará de manera importante en los factores
que están generando el cambio climático. Mayor producción y
demanda de energía, el uso masivo del transporte y un
aumento generalizado en los índices de consumo aparejados al
crecimiento urbano, son sólo algunos de los factores que
contribuirán a la mayor generación de gases de efecto
invernadero.
Pero, también, el cambio climático impactará –como, de
hecho, ya lo está haciendo- a los habitantes de las ciudades
y, especialmente, a quienes viven en condiciones de mayor
desventaja. La ONU estima que hoy más de mil millones de
seres humanos habitan en suburbios donde no están
garantizados los servicios públicos mínimos y, para el año
2020, alrededor de 400 millones de personas más engrosarán
esta cifra. Tan sólo en las zonas costeras, donde se esperan
graves sucesos por la fuerza de las tormentas y por la
elevación de los océanos, más de 60 millones de personas en
todo el mundo –que viven a un metro o menos sobre el nivel
medio del mar- están en grave riesgo de perderlo todo por
causa del cambio climático. Se habla de grandes ciudades
costeras como
El Cairo, Nueva York, o Tokio, entre otras; o de regiones
enteras que pudieran ser cubiertas por el mar, como la
planicie tabasqueña.
Es por todo esto que urge que pongamos manos a la obra, para
que en México y el mundo podamos construir ciudades más
habitables y alcanzar una mejor calidad de vida. En
distintas latitudes del país, hay ya iniciativas y acciones
concretas para enfrentar los retos que implican el
crecimiento poblacional y el de las ciudades mismas; sin
embargo, éstas no serán viables sin la existencia de
espacios y mecanismos que estimulen una vigorosa
participación ciudadana.
Las obligaciones para las autoridades públicas en
materia de cambio climático son muy claras: deben
enfocarse a mejorar la movilidad urbana, fomentar el
transporte público, resolver el manejo integral de
la basura, así como regular las relaciones de la
población con el medio ambiente. Y nosotros –los
habitantes de las ciudades-, podemos comenzar por
utilizar mucho menos el automóvil, separar nuestra
basura y hacer un uso más racional de la energía.
Asumir el propósito de modificar nuestros hábitos
cotidianos –estimado radioescucha-, es una estupenda
forma de conmemorar el Día Mundial del Hábitat.
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