Urge priorizar
la formación de una cultura del cuidado del agua en México
Concluye en Estocolmo la Semana Mundial del Agua 2011 con
una declaración dirigida a la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Desarrollo Sustentable de Río (Río + 20)
No sólo son necesarias inversiones en infraestructura y en
el cuidado de las fuentes de suministro; hay que formar y
fortalecer valores y hábitos para el uso sustentable del
agua en nuestro país
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM, 1220 de AM y Radio México Internacional,
29 de agosto de 2011.
Como
sucede frecuentemente con muchas de las noticias importantes
en materia ambiental, y sobre todo cuando éstas no se
refieren a desastres o a emergencias ecológicas, la
celebración de la Semana Mundial del Agua 2011 –y la
declaración surgida de esta conferencia internacional–
pasaron casi completamente desapercibidas para la opinión
pública en nuestro país. Esta palidez informativa es
entendible a la luz de los hechos que recientemente han
llenado de luto al país, y que a muchos nos alarman por
constatar que ya no sólo se trata de un problema de
seguridad pública o de administración de justicia. Hoy
vivimos la ausencia –el desprecio, diría yo- de valores que
nos cohesionen como comunidad; pero, sobre todo, estamos
presenciando la pérdida del respeto por la vida. Pareciera
que, para algunos, lo superfluo es más valioso que lo
esencial.
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Resulta que del domingo 21 al sábado 27 de agosto
pasado, el Instituto Hídrico Internacional (SIWI)
reunió en Estocolmo, Suecia, a más de dos mil
expertos, profesionales, tomadores de decisiones e
innovadores en materia de agua, para discutir sobre
la manera en que la humanidad deberá equilibrar –en
el corto y mediano plazos- el consumo de agua, la
producción de alimentos y de energía en todo el
orbe. En su gran mayoría, los asistentes a la
Semana Mundial del Agua 2011 coincidieron en
señalar que ya hemos excedido las capacidades del
planeta para proveernos de recursos naturales, y
destacaron que es la disponibilidad de agua dulce la
que tendrá mayores impactos e implicará los mayores
riesgos en lo relativo a la seguridad humana. |
En un escenario en el que la población mundial se concentra
mayoritariamente en los centros urbanos, la pregunta es
¿cómo podremos garantizar la disponibilidad y el acceso de
las personas al agua potable, a los alimentos y a la
energía? Sabemos que por cada individuo que nace o vive en
el campo, 19 más lo hacen en alguna ciudad del planeta; y
conocemos también los desproporcionados niveles de consumo
de estos recursos que se registran en los centros urbanos.
Se estima que, para el año 2050, el 80 por ciento de la
población mundial vivirá en alrededor de 50 mega-ciudades de
al menos cinco millones de habitantes; y que habrá un enorme
número de ciudades medias que llenarán los mapas. Esto
traerá consigo (como ya está sucediendo) un aumento
exponencial en la demanda de agua, tanto para el uso
doméstico e industrial, como para las necesidades agrícolas
y de producción de energía.
Consecuentemente, los gobiernos de todo el mundo deberán
trabajar, uno, para contar con la infraestructura hidráulica
que garantice el acceso universal al agua; y, dos, para
propiciar las condiciones ambientales que aseguren la
disponibilidad de fuentes confiables de abasto del vital
líquido. Hasta ahora, el primer aspecto tiene avances
notables en países desarrollados o incluso en naciones como
Brasil y México. Así lo reconoció el Banco Mundial la semana
pasada en Estocolmo, al afirmar que la Agencia Nacional de
Aguas de Brasil y la Comisión Nacional del Agua de México,
están administrando y ofreciendo a sus respectivas
poblaciones infraestructura y niveles de cobertura más o
menos adecuados.
Sin embargo, en el tema de la disponibilidad de agua se
reconoce que se deben mejorar las capacidades
institucionales para enfrentar los retos en materia de
abastecimiento, sobre todo aquellos relacionados con la
afectación de los bosques, de los ríos, lagos y fuentes
subterráneas de agua. Hay un aspecto fundamental que, si
bien no escapa de la atención de los especialistas que
atienden eventos como la Semana Mundial del Agua, por
otra parte no recibe los apoyos institucionales que sí lo
hace, por ejemplo, el desarrollo de la infraestructura
hídrica. Se trata de la formación y el fortalecimiento de
una cultura del agua.
En alguna medida, ésta fue una de las conclusiones
alcanzadas durante los trabajos de la Semana Mundial del
Agua 2011, en Suecia, que concluyó el pasado sábado con la
emisión de la
Declaración de Estocolmo.
Debo reconocer (porque además soy partícipe de ello) que
medios públicos –como el IMER- se preocupan por fomentar
entre la población la valoración de un recurso tan preciado
como lo es el agua. Pero, también, debemos aceptar que no
hay un esfuerzo generalizado entre los distintos actores de
nuestra sociedad por propiciar valores y hábitos que nos
lleven a hacer un uso sustentable del agua.
Urge que todos nosotros, usted y yo, querido radioescucha,
fortalezcamos estos valores de respeto a la vida que tanta
falta están haciendo hoy en nuestro México.▄
