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Autorización de desarrollos turísticos e inmobiliarios amenazan la biodiversidad en el Golfo de California

 

Un contrasentido que la autoridad ambiental anuncie en las redes sociales una veintena de programas para la conservación y, por otro lado, autorice proyectos insustentables

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 23 de mayo de 2011.

 

El domingo -22 de mayo- fue el Día Internacional de la Diversidad Biológica, un festejo proclamado por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas desde el año 2000 y que conmemora en todo el planeta la aprobación –el 22 de diciembre de 1999- del Convenio sobre Diversidad Biológica. La fecha es un recordatorio de la profunda preocupación de los pueblos y los gobiernos de los países miembros de las Naciones Unidas, por el hecho de que en todo el mundo sigue disminuyendo dramáticamente la diversidad biológica. Y no sólo eso; también es el refrendo del compromiso contraído por todos para la conservación de la naturaleza, el aprovechamiento sostenible de sus componentes y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos.

 A lo largo de esta década, han sido varios los temas que se han adoptado para abanderar los festejos del Día Internacional de la Diversidad Biológica: el alivio de la pobreza; la alimentación, el acceso al agua y la salud; la biodiversidad en las zonas áridas; la agricultura, las especies exóticas invasoras y el cambio climático, entre otros. En el 2011, y por ser éste el Año Internacional Forestal, la Organización de las Naciones Unidas –en voz de su Secretario General, Ban Ki Mun- han señalado la urgencia de reducir considerablemente la pérdida, degradación y fragmentación de todos los hábitats naturales, especialmente de los bosques, para el año 2020.    

Y es que las prácticas derivadas de una idea errónea del desarrollo e impulsadas por un sistema de producción y consumo masivos –y profundamente inequitativo-, no sólo han significado la sobreexplotación de innumerables especies vivas en todo el mundo, sino también la irracional destrucción de ecosistemas enteros. Un ejemplo contundente de esto es el actual declive de las pesquerías, donde dos terceras partes de las especies comerciales se encuentran sobreexplotadas y muchas de éstas en peligro de extinción. México es uno de los 17 países en donde se encuentra concentrado el 75 por ciento de toda la diversidad biológica del planeta. Por su gran variedad de climas y ecosistemas, y por la extensión de sus mares territoriales, nuestro país ocupa el primer lugar en número de especies de reptiles y de mamíferos marinos, y el cuarto en tipos de flora y de anfibios. Más del diez por ciento de todas las especies animales y vegetales que existen en el orbe, se encuentran en nuestro país (y muchas de ellas sólo es posible encontrarlas aquí).

 

 

Pero, desafortunadamente, México ocupa también uno de los primeros lugares de deforestación, tráfico ilegal de especies y destrucción de hábitats naturales. Particularmente, durante los últimos 40 años hemos destruido de manera sostenida a la mayoría de nuestras selvas y bosques húmedos, los manglares e importantes ecosistemas marinos, profundizando con ello las causas de la pobreza y del deterioro de la calidad de vida de millones de compatriotas. Si bien el país cuenta con alrededor del 12 por ciento de su territorio bajo algún régimen de protección de las áreas naturales, esto no ha sido suficiente para revertir el acelerado deterioro de nuestro capital natural. 

Es contradictorio leer –por ejemplo- que las autoridades ambientales mexicanas informen a través de las redes sociales y con motivo del Día Internacional de la Diversidad Biológica que, de 2006 a la fecha, se han concluido veinte programas de acción para la conservación de especies como la vaquita marina, las tortugas laud y caguama, la ballena jorobada y azul, el manatí y el cóndor de California –entre otros-; y por otra parte, que se esté autorizando la construcción de grandes complejos turísticos que, a todas luces, atentan contra la diversidad biológica del país.

 El parque nacional Cabo Pulmo, en Baja California Sur, alberga a uno de los tres únicos arrecifes de coral de su tipo en la costa del Pacífico y tiene 20 mil años de antigüedad. Es un tesoro ecológico y el hogar de más de 800 especies marinas que son vitales para el equilibrio de la biodiversidad en el Golfo de California. Debido a que el arrecife estuvo a punto de desaparecer por la sobrexplotación pesquera en la década de los ochenta, el gobierno mexicano le declaró parque nacional en 1995 y, desde el año 2000, figura como patrimonio de la humanidad de la UNESCO.

Hoy, su destino es incierto por la eventual autorización para construir un proyecto turístico e inmobiliario de alrededor de 30 mil cuartos (Cabo Cortés). Los especialistas coinciden en señalar que, de llevarse a cabo este proyecto, los impactos sobre los ecosistemas y la diversidad biológica de la región, serán devastadores. Ojalá que los criterios de valoración de la diversidad biológica y de la conservación del capital natural del país, se impongan a los intereses económicos de quienes sostienen un modelo de desarrollo turístico caduco y depredador.

 

Cabo Pulmo, Baja California Sur

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