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El país no invierte lo suficiente en la prevención de incendios forestales ni de otros desastres 

 

La península yucateca, zonas altas y piedemontes de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Jalisco y Michoacán, reportan en lo que va de este año 2011 incendios en miles de hectáreas; en Coahuila, situación crítica

 

Los impactos sobre la diversidad biológica, en la flora y la fauna, y en los ecosistemas que constituyen la verdadera riqueza del país, son incuantificables

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 25 de abril de 2011.

 

Foto: AP

 

El 90 por ciento de los incendios que se registran en los bosques y las selvas mexicanas, tienen como origen la mano del hombre. La desordenada ocupación del territorio y los cambios en los usos del suelo en el país, están favoreciendo la afectación de incontables sitios naturales donde se produce el agua dulce, de donde vienen nuestros alimentos y de los que depende en gran medida nuestra propia salud. Desde los años setenta y, con mayor intensidad durante la última década, la frecuencia, la extensión y la severidad de los incendios forestales en el país se han incrementado. Cada año, el fuego destruye una extensión de suelo vegetal equivalente a una y media vez el territorio del Distrito Federal [1] (alrededor de 221 mil hectáreas), cifra que –a un mes de iniciada la temporada de incendios forestales- ya ha sido rebasada solamente por los acontecimientos en Coahuila.

 En estos días se han registrado ya incendios en muchos de los lugares donde, año con año, se pierden enormes recursos forestales, de flora y de fauna. La planicie occidental y el norte de la península yucateca, las zonas altas y piedemontes de los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Jalisco y Michoacán, reportan en lo que va de este año 2011 afectaciones por miles de hectáreas. Pero también, todos los años se incrementa el número de incendios en los bosques que limitan con asentamientos humanos y zonas urbanas (como Cancún, Nuevo Laredo o la ciudad de Guadalajara). Tan sólo en el suelo de conservación del Distrito Federal, este año se registra ya un diez por ciento más de frecuencia de incendios que durante la temporada pasada. 

Las autoridades de todos los órdenes de gobierno en el país reconocen que la mayoría de los incendios son provocados por la mano del hombre; ya sea por causa del uso del fuego en prácticas agrícolas poco tecnificadas o –de manera intencional- para ocupar terrenos forestales para el cultivo o para ser urbanizados. Supondríamos entonces que, al conocerse la raíz del problema –que todos los años consume no sólo recursos naturales, sino una elevada cantidad del presupuesto y fondos para atender desastres-, estaríamos haciendo ya algo para prevenirle. Lo cierto es que, a la luz de los hechos, los esfuerzos para evitar y reducir los incendios forestales han sido insuficientes. Por ejemplo, no deja de sorprenderme que las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente del DF –la CORENA, específicamente-, declaren que saben con precisión quiénes son las personas que de manera intencional inician los incendios en el suelo de conservación, y que aún así la mano de la justicia no esté llegando a los responsables para castigarles como lo establece la ley. Cada año se pierden más de 350 hectáreas de bosques y suelo vegetal en el Distrito Federal (es decir, alrededor de 400 canchas de fútbol), y el fuego –junto con la impunidad- es un destacado protagonista de ello.

 Después de los huracanes y de las inundaciones, los incendios forestales son el tipo de desastre que mayores daños económicos causa al país (alrededor de mil 200 millones de dólares al año). Sin embargo, los impactos sobre la diversidad biológica, en la flora y la fauna, y en los ecosistemas que constituyen la verdadera riqueza del país, son incuantificables. Lo que sí es un hecho ampliamente demostrado, es que resulta muchísimo más barato invertir en acciones preventivas para enfrentar con menores costos y consecuencias a huracanes, inundaciones, incendios forestales o a la sequía. Desafortunadamente, parece que ni legisladores ni autoridades de todos los órdenes de gobierno en el país traen integrado el chip de la prevención en su cerebro, y –como los hechos lo están denunciando- continuamos perdiendo no sólo recursos naturales, sino la salud y el bienestar de millones de mexicanos. 

Cada uno de nosotros puede hacer mucho por evitar que se inicien incendios en los bosques, selvas o pastizales del país. Primero, evitando dejar ahí fogatas encendidas, tirar cigarrillos o basura (como el vidrio) que propicia la aparición del fuego; pero, también, exigiendo a las autoridades municipales, estatales o federales que apliquen cabalmente la ley y procuren un uso más racional de cada rincón de nuestro territorio nacional.  Para reportar incendios en todo el país, puede marcar el 01 800 INCENDIO.

 

[1]  El DF tiene 148, 655 has. de territorio total

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