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Se aplica desarticuladamente la normatividad para proteger a los manglares del país 

 

El Congreso modificó hace un año la Norma Oficial Mexicana 059, para incluir en la lista de especies amenazadas a algunas vegetales y animales que viven en manglares

 

Empresarios e inversionistas del Caribe se oponen al endurecimiento de la normatividad; advierten pérdida de inversiones por más de 200 millones de dólares

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 7 de marzo de 2011.

 

Reiteradamente escuchamos decir que México es una nación “mega-diversa” y que, junto con no más de una docena de países, somos el lugar de origen de dos terceras partes de todas las especies vivas conocidas del planeta. México –por citar un ejemplo- es uno de los cuatro países con el mayor número de especies de plantas y de animales, y es el primero en variedad de mamíferos marinos. A pesar de esto, conocemos tan sólo el veinte por ciento de toda la biodiversidad que se estima existe en nuestro territorio; y, por esa misma causa –por no ampliar nuestro conocimiento de los ecosistemas terrestres y marinos del país-, hoy continuamos haciendo dispendio y un mal aprovechamiento del llamado “capital natural” de México.

Tan solo durante las dos últimas décadas, en las costas del país, más del 25 por ciento de la superficie ocupada por manglares ha desaparecido. Estas barreras naturales entre el medio terrestre y el marino (y donde se dan procesos esenciales para el equilibrio de la vida), han sido ocupados y sistemáticamente destruidos por asentamientos humanos, y con el crecimiento de infraestructura urbana, industrial y de servicios. Como invariablemente sucede, los primeros en resentir los impactos de esta administración desarticulada del desarrollo económico, social y ambiental, son precisamente aquellos que dependen de forma más directa de los recursos naturales del lugar. En la zona de Cancún y de la Riviera Maya, por ejemplo, la ocupación de los territorios de manglar para levantar desarrollos turísticos ha hecho ciertamente más vulnerable al territorio y a la población frente al embate de los huracanes. Pero también, las especies marinas caribeñas están ahora más expuestas a la contaminación causada por las descargas urbanas en el subsuelo, en el aire y hacia el mar.

 

Costa chiapaneca / foto: José Altamirano.

 

 No solamente en México, sino en todo el mundo, las poblaciones de peces y de distintas especies marinas han decaído drásticamente por causa de la destrucción de sus hábitats –como los son los manglares-; y, desde luego, debido a la sobrexplotación comercial de ciertas pesquerías, al calentamiento global o a la acidificación de los mares causados por los gases de efecto invernadero. 

En respuesta a esta cada vez más preocupante realidad, el Congreso modificó hace un año la Norma Oficial Mexicana 059, para incluir en la lista de especies que están amenazadas –y que, por tanto, deben ser protegidas- a algunas especies vegetales y animales que viven y dependen de los manglares para subsistir. Ahora, y desde hace una semana que entró en vigor dicha modificación, las autoridades de todos los órdenes de gobierno en México deberán observar y hacer que se cumpla con la conservación y el aprovechamiento sustentable de los manglares. También la semana pasada, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ordenó a sus delegados en las 17 entidades costeras del país ampliar y reforzar la vigilancia en las zonas de manglares; pero también hizo un llamado al sector hotelero y a la industria turística en su conjunto, para promover mejores prácticas que procuren el cuidado y la protección de los mangles en los litorales mexicanos.

 Es desalentador constatar que la aplicación de esta norma oficial se topa, nuevamente, con la desarticulación entre los distintos sectores involucrados; empresarios e inversionistas –en voz de la presidenta del Consejo Coordinador Empresarial del Caribe, Cristina Alcayaga- se han opuesto al endurecimiento en la protección de los manglares y buscan promover un amparo en contra de la NOM-059. Acusan que, con las nuevas disposiciones legales, se ponen en riesgo inversiones del orden de los 200 millones de dólares para la Riviera Maya (algo así como el doble de los recursos públicos que se utilizaron en 2009 y 2010 para rellenar de arena las playas de Cancún).

Evidentemente, es necesario que empresarios y gobiernos, pero también académicos, organizaciones civiles y la población en general, nos sentemos juntos y reinventemos, con ingenio y conciencia ambiental, la forma en que atendemos al turismo y, en general, cómo conducimos el desarrollo costero en nuestro país. La sustentabilidad de la actividad turística requiere, sin lugar a dudas, de inversiones en productos y servicios para el viajero; pero también, demanda la formación de una cultura de largo aliento de la legalidad, del respeto por el medio ambiente y de la diversidad cultural. En nuestras manos está que México siga siendo atractivo por su diversidad natural y cultural, y no porque es un territorio donde se puede venir a incumplir –sin que nadie lo impida- con la ley.  

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón / Av. Revolución 595, San Pedro de los Pinos, México 03800, DF / (52) 55 98 92 53