Indolencia e
ignorancia de autoridades y ciudadanía, condenan al
Desierto de los Leones a desaparecer
Recursos hídricos, de flora y fauna de este bosque del
Distrito Federal, amenazados por cambios de uso de suelo,
escasos recursos presupuestales y por la delincuencia
En 2010, se destinan sólo 10 millones de pesos del
presupuesto de egresos del DF para la conservación de 1,866
hectáreas de bosque; el dinero se ocupa en la construcción
de unos baños
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
14 de febrero de 2011.
Es
lamentable decirlo, pero los habitantes del Distrito Federal
–y el país entero- estamos perdiendo, a pasos agigantados,
al Parque Nacional del Desierto de los Leones. No sólo la
indolencia de las autoridades federales, del gobierno
capitalino y de la misma delegación Cuajimalpa, sino también
la ignorancia de los legisladores locales y el desinterés de
la ciudadanía en su conjunto, están condenando a este
importante bosque enclavado en el territorio del Distrito
Federal a su desaparición.
El Desierto de los Leones fue uno de los primeros parques
nacionales que tuvo México. Fue creado –el 15 de noviembre
de 1917- mediante el único decreto presidencial que emitió
el general Venustiano Carranza. Antes, durante la época de
la Colonia, estas tierras fueron posesión de los caciques
locales, una familia de apellido León. Posteriormente, desde
1606 y por alrededor de 200 años, la orden de los Carmelitas
Descalzos eligió el sitio para levantar uno de sus
conventos. Como todas las fundaciones cristianas que se
establecían a las afueras de las ciudades, este bosque fue
llamado “desierto” por encontrarse alejado del bullicio de
la ciudad y por servir como lugar para el retiro espiritual
y la meditación. Éste también es el caso del Santo Desierto
del Carmen, en Tenancingo, Estado de México.
Desde la época colonial, y aún antes de la conquista, se
entendió la importancia de este bosque para conservar el
equilibrio de los ecosistemas que constituyen y dan
sostenibilidad al Valle de México. Es bien sabido que los
escurrimientos de las cañadas del Desierto de los Leones dan
origen al Río del Santo Desierto, que es el principal
tributario del Río Mixcoac; también, que el llamado
Arroyo Agua de Leones, alimenta al Río Hondo,
al Río Borracho y al Río Ajolotes. En los
territorios boscosos de este bello parque nacional, existe
una significativa cantidad de manantiales; los más conocidos
son Taza Vieja, Presa de los Leones y
Chorro de Agua.

Los recursos forestales y de flora del Desierto de los
Leones son también de primerísima importancia. Aquí –como en
La Marquesa o en Los Dinamos-, se ubican los últimos
reductos de especies arbóreas como el oyamel, el pino
hartwegii (o pino mexicano) y algunas variedades endémicas
de encinos y robles. Hay también una enorme diversidad de
plantas y arbustos que sólo existen en esta región del eje
neo-volcánico mexicano. El Desierto de los Leones es hogar
de siete especies de anfibios (como la salamandra), nueve de
reptiles (como la víbora de cascabel), casi 30 de mamíferos
(como el venado cola blanca o el teporingo) y casi un
ciento de aves, endémicas del Valle de México y que hoy
están fuertemente amenazados o en franco peligro de
extinción.
A pesar de todo esto –y de muchas otras razones de carácter
ambiental que no mencionaré por razón del tiempo de este
espacio-, el descuido, el desinterés y, en gran medida, la
insultante ignorancia de las autoridades responsables de la
conservación del Desierto de los Leones le están llevando,
como nunca en toda su historia, a desaparecer. No estoy
exagerando; personalmente, he recorrido este bosque durante
décadas y, en estos dos últimos años, de manera más
sistemática y levantando un registro fotográfico semanal, he
sido testigo de un deterioro que avanza sin que autoridades
ni agrupaciones ciudadanas hagan nada significativo para
detenerle. Desde que la federación entregó la administración
de este Parque Nacional al Gobierno del Distrito Federal, en
noviembre del año 2000, comuneros de San Lorenzo Acopilco,
de San Mateo Tlaltenango y de Santa Rosa Xochiac, han
invadido con casas (como en la subida a Cruz Blanca),
ocupado con actividades incompatibles (como el gocha
en el Rancho los Laureles) y deteriorado visiblemente
importantes extensiones del bosque, con la evidente venia de
las autoridades.
En el
Presupuesto de Egresos del Distrito Federal para el
ejercicio fiscal 2010 (artículo décimoquinto), se
destinó la ridícula cantidad de 10 millones de pesos para
trabajos de reforestación y mantenimiento de las más de
1,800 hectáreas que constituyen al Parque Nacional Desierto
de los Leones. En una reunión con la Comisión del Distrito
Federal de la Cámara de Diputados, realizada apenas el 24 de
septiembre de 2010, el jefe delegacional en Cuajimalpa,
Carlos Orvañanos, informó a los legisladores que
esos 10 millones de pesos fueron utilizados –entre otros
trabajos menores de mantenimiento- para la construcción de
dos baños a un costado del edificio del convento (no sé si
con la autorización o no del Instituto Nacional de
Antropología e Historia). Y, por cierto, este importante
patrimonio arquitectónico de los mexicanos (con más de 400
años de historia), hoy es anunciado como salón de fiestas en
la
página Web de la Delegación Cuajimalpa.

Con todo esto, no es raro que, el pasado jueves 10 de
febrero, mientras su servidor realizaba un recorrido y el
registro fotográfico del extremo Oriente del parque, haya
sido emboscado, asaltado y atacado con machetes y gas
pimienta por un par de delincuentes que, como muchos más,
han encontrado en el Desierto de los Leones tierra propicia
para delinquir. Con sólo 15 guardias –en su mayoría hombres
de más de 50 años de edad- que vigilan sin el adecuado
equipamiento las 1,866 hectáreas del parque, y sin
suficientes casetas ni delimitaciones claras, el Desierto de
los Leones está protagonizando hoy historias de robos con
violencia, secuestros, violaciones sexuales y asesinatos.
Aunque con lesiones de consideración, por fortuna y también
con la ayuda de mi perro, hace cinco días logré escapar de
estos criminales y salvar la vida; pero yo me preguntó,
¿logrará el Desierto de los Leones sobrevivir a la
indiferencia y al descuido del que está siendo objeto?
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