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La buena o mala condición de los bosques determina la salud de nuestros cuerpos de agua  

 

Un 45% de la superficie forestal de Oaxaca, plagada con gusano descortezador y muérdago; no hay recursos para combatirle

 

El 4 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales; México cuenta con 130 sitios RAMSAR o humedales de importancia mundial

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 24 de enero de 2011.

 

Pasado mañana, miércoles 2 de febrero, se conmemora el Día Mundial de los Humedales. La fecha recuerda la firma de la Convención de Ramsar –también llamada Convención sobre los Humedales- del 2 de febrero de 1971, con la que se reconoce el enorme valor que tienen para la vida en todo el planeta estos particulares ecosistemas. 

En este espacio hemos señalado que los humedales son hábitats localizados tanto en territorios interiores de los continentes, como en las zonas costeras e incluso en extensas porciones marinas de menos de seis metros de profundidad. Todos los humedales tienen en común su enorme riqueza biológica y, desde luego, el hecho de que el agua –ahí presente de manera permanente o temporal- juega un papel fundamental para la regulación del clima y para la vida de plantas, aves, animales, insectos e incluso de los seres humanos.  Son humedales las extensiones de esteros, manglares, lagunas costeras, selvas bajas inundables, marismas y pantanos,  así como los bordes de lagos, deltas, arrecifes de coral y, en general, todas aquellas superficies cubiertas con agua de forma natural o artificial, permanente o temporal, estancada o corriente, dulce, salobre o salada.

En México, los humedales han jugado y juegan un papel destacadísimo en el desarrollo de la civilización. Los antiguos olmecas –por ejemplo- se asentaron y florecieron a lado de los pantanos de la región tabasqueña; los aztecas fundaron su imperio en el sistema lagunar del Valle de México, y; los mayas aprovecharon la diversidad biológica de los cenotes presentes en toda la península de Yucatán. 

 

 

Como en muchos de los temas relacionados con la diversidad biológica del planeta, México es considerado uno de los países más ricos en cuanto a la presencia de humedales en su territorio. En éstos, se preserva gran parte de la vegetación acuática y subacuática de Norte y Mesoamérica. Hoy, 130 de estos frágiles ecosistemas mexicanos –cerca de 9 millones de hectáreas de nuestro territorio- están considerados de importancia mundial por la Convención Ramsar, a la que México pertenece desde 1986. Por mencionar algunos de ellos, destacaría los Pantanos de Centla, en Tabasco; Cuatro Ciénegas, en Coahuila; Ría Lagartos, en Yucatán; Marismas Nacionales, en Nayarit; la Laguna Madre y el santuario tortuguero de Playa Rancho Nuevo, en Tamaulipas; y Xochimilco y Tláhuac en el Distrito Federal. 

Para entender la importancia de estos ecosistemas en la vida del planeta, se compara a los humedales con lo que significa para el cuerpo humano órganos vitales como el hígado o los riñones. Pantanos, esteros o manglares, por ejemplo, absorben y filtran contaminantes del agua como el nitrógeno y el fósforo. Y, con la ayuda de la energía solar y de las plantas que ahí viven, introducen oxígeno al agua; también producen lodos que ayudan al crecimiento de plantas como el carrizo y el tule, entre otras. Los humedales son la casa de cientos de invertebrados que sirven de alimento para anfibios, aves, reptiles, herbívoros y para los seres humanos. Los humedales ayudan a la recarga de los mantos acuíferos; regulan el flujo de ríos y, en el caso de los manglares, reducen la fuerza de las tormentas y estabilizan la erosión de la línea costera. Su importancia como vías de comunicación acuática o como zona de crianza comercial de ciertas especies, es también muy destacada. 

 

 

Este año, el Día Mundial de los Humedales tiene como lema “Bosques para agua y humedales”; esto, en razón de que la Organización de las Naciones Unidas proclamó al 2011 como Año Internacional de los Bosques. Y, desde luego, es un reconocimiento al hecho de que la disponibilidad de agua dulce a escala mundial depende de la condición de los bosques y –también- que la salud de los reservorios de agua (ya sean naturales o artificiales), es muy sensible a la conservación o a la degradación de los bosques.

Muchos de los bosques y, consecuentemente, de los humedales de México están enfermos y deteriorados. En Oaxaca, por ejemplo, más del 45 por ciento de la superficie forestal está plagada de muérdago y gusano descortezador. Según la Dirección de Desarrollo Forestal de la Secretaría de Desarrollo Rural de Oaxaca, los recursos con los que contaba –hace tres meses- para combatir esta plaga, significaban sólo una octava parte de lo mínimamente necesario para enfrentarla. Lo he dicho aquí y lo seguiré subrayando: es urgente que las políticas de desarrollo en México volteen a ver ya a las comunidades forestales, brindándoles apoyos tecnológicos, financieros y de seguridad social. La calidad de vida y el bienestar de todos los mexicanos dependen, sin duda, de la exigencia y el esmero que pongamos en la conservación de nuestro capital natural.  

 

 

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