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Con o sin Supervía, el Sur-Poniente del Distrito Federal tiene ya graves daños ecológicos  

 

Emite la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal la Recomendación 01/2011, donde pide suspender la obra en tanto no se realice una consulta ciudadana

 

La SEMARNAT considera viable la obra y pide fomentar transporte público y obras de mantenimiento ambiental

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 24 de enero de 2011.

 

Durante las últimas semanas, y con más intensidad desde el pasado jueves 20 de enero, el tema de la construcción de la vialidad conocida como la Supervía Poniente, aquí en la capital mexicana, ha ocupado titulares de medios electrónicos e impresos. La bien organizada oposición de vecinos de las delegaciones Álvaro Obregón, Magdalena Contreras y Cuajimalpa (quienes legítimamente defienden lo que sienten es un atropello a sus derechos), les ha rendido ya su primer fruto: una recomendación de la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal, dirigida al Jefe de Gobierno y a los jefes delegacionales en Contreras y Álvaro Obregón, por la construcción del “Sistema Vial de Puentes, Túneles y Distribuidores al Sur-Poniente de la ciudad de México” (Supervía Poniente).

El documento –de 108 cuartillas- argumenta la violación a distintos derechos humanos de los quejosos (cuatro organizaciones civiles y diversos particulares), tales como el derecho a una vivienda adecuada, a un medio ambiente sano, al agua, a la información, a la participación ciudadana y a la seguridad jurídica. La CDH-DF recomienda al Jefe de Gobierno “suspender la obra denominada Supervía Poniente hasta que se lleve a cabo una consulta pública, a fin de garantizar una participación amplia y plural en la que se recojan y consideren las preocupaciones, opiniones y propuestas de las personas afectadas por la obra. Por otra parte, se recomienda al ejecutivo capitalino elaborar un diagnóstico que justifique la necesidad de esta obra, valorar alternativas de movilidad sustentable para el Sur-Poniente de la Ciudad de México, así como apegarse a la legislación ambiental del Distrito Federal, lo cual –se sabe de antemano- ya está cumplido a cabalidad. Finalmente, la Recomendación 01/2011 insta al gobierno de Marcelo Ebrard a que garantice la transparencia en los procedimientos y en la información relativa a las obras públicas; que reconozca la obligatoriedad de la consulta pública y el derecho de los quejosos a defenderse cuando consideran vulneradas sus garantías.

 

 

 En una rápida lectura de la primer Recomendación del año 2011 de la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal, y sobre todo en lo referente a las presuntas violaciones a la legislación ambiental, mi percepción es que el documento analiza una serie de procedimientos jurídicos y trámites normativos cuyo cumplimiento por parte de las autoridades, efectivamente, no demostró cabalidad. En última instancia, ese es precisamente el papel del ombudsman capitalino: vigilar y garantizar el cumplimiento de la ley y de la aplicación de sus procedimientos. Sin embargo, me parece que la Recomendación no demuestra (ni tendría por qué hacerlo) que la construcción de la Supervía Poniente traerá daños significativos al medio ambiente. De hecho, reconoce en una cita que la sobreexplotación y los cambios de uso de suelo derivados de la creciente ocupación humana del territorio Sur-Poniente del Distrito Federal, ya tiene hoy severos impactos –entre los que se cuentan la destrucción del hábitat de ciervos, lobos, coyotes, osos hormiguero y gato montés, entre muchas otras especies vegetales que han sido destruidas ya por los habitantes del Distrito Federal.

Por su parte, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en voz de su titular, ha valorado que la obra no traerá grandes afectaciones a los ya escasos pero valiosísimos bosques de la zona, y sólo ha llamado a que se favorezca el transporte público y a que se realice un estricto programa de manutención de taludes, recarga de acuíferos y mantenimiento de las  zonas arboladas.    

 Es un hecho que las barrancas y montañas del Sur-Poniente de la Ciudad de México, durante las últimas tres o cuatro décadas, han sido ocupadas y transformados sus ecosistemas en un proceso de crecimiento urbano y especulación inmobiliaria ciertamente caótico. La presencia de obras públicas en estos territorios, es hoy escasa y también es caótica. En mi opinión, y en la de muchos especialistas, esta obra contribuirá a dar cierto orden al ya de por sí vigoroso crecimiento de la ciudad sobre estos territorios y, así lo creo, podría traer algunos beneficios ambientales temporales en términos de emisión de contaminantes y pérdida de áreas verdes.

 Es imprescindible que los mexicanos valoremos el interés colectivo por encima de la conveniencia particular. En una ciudad donde el 80 por ciento del espacio público es ocupado por los automóviles estas obras de infraestructura son necesarias, como lo es también mejorar, privilegiar e incrementar el transporte colectivo y otras formas de movilidad no contaminante. Hace pocos años -cuando se construía el Distribuidor Vial de San Antonio-, yo me quejaba amargamente con mi madre de la inutilidad y de las terribles molestias que nos causaba la obra; ella me respondía: “hijito, es preferible que me devuelvan mis impuestos en puentes y vialidades, a que se los gasten en publicidad y en aburridas y costosas campañas políticas”. Ojalá que, ahora, así sea.

 

 

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