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Jóvenes dan ejemplo de estilos de vida ecológicos y promueven la innovación tecnológica 

 

De agosto del 2010 a agosto del 2011, la ONU invita a conmemorar el Año Internacional de la Juventud

 

En el Distrito Federal hay programas gubernamental que apoyan a los jóvenes; en Jalisco, se niega la posibilidad de acceder a la educación pública de calidad

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 3 de enero de 2011.

 

El pasado 12 de agosto, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tomó el acuerdo de que, a partir de esa fecha y hasta el mes de agosto del 2011, los países miembros conmemorarán el “Año Internacional de la Juventud”.

En un llamado a los gobiernos del mundo para incorporar a los jóvenes en las políticas, programas y procesos decisorios que benefician su futuro y, desde luego, el de la humanidad en su conjunto, el Secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reconoció que los jóvenes están haciendo esfuerzos importantes en la lucha contra la pobreza y el hambre en sus comunidades, contribuyendo a poner freno a la pandemia del VIH/SIDA mediante la educación y promoviendo la protección del medio ambiente y acciones contra el cambio climático.

Ya desde el año de 1999, la ONU había resuelto conmemorar cada 12 de agosto el Día Internacional de la Juventud; sin embargo, es hasta el año de 2004 que la fecha comienza a festejarse ininterrumpidamente en distintos países del mundo. Desde esa ocasión y hasta la fecha, las consignas –o slogans- emblemáticas del Día Internacional de la Juventud, han hecho referencia a la necesidad de que los jóvenes participen activamente en la lucha contra la pobreza y en la toma de decisiones fundamentales para el desarrollo de las naciones. Sin embargo, a partir del año 2008, el Día Internacional de la Juventud tomó banderas como “los jóvenes y el cambio climático; es hora de actuar” o “la sostenibilidad: nuestro reto, nuestro futuro”.

El 12 de agosto de 2010, el Día Internacional de la Juventud adoptó el lema: “El diálogo y la comprensión mutua”, subrayando la importancia de la participación de los jóvenes en la construcción de la concordia política, cultural, racial y de la paz en su conjunto. De acuerdo con la ONU, los jóvenes –de los 15 a los 24 años- son una quinta parte de la población mundial (es decir, alrededor de 1,200 millones de personas), los que en su gran mayoría (un 87 por ciento) viven hoy en países en vías de desarrollo. Así que, la instauración del “Año Internacional de la Juventud” –que, como mencioné, se conmemora de agosto del 2010 a agosto del 2011- es el reconocimiento de los gobiernos del mundo de que los jóvenes no son sólo beneficiarios pasivos del cambio, sino, ante todo, actores y promotores del mismo.

 

Jóvenes voluntarios en programas ambientales del DF (Parque Hundido, 2007)

 

Este es un hecho que, de manera cotidiana, queda suscrito y demostrado con la actuación de muchos jóvenes que están preocupados y ocupados en el cuidado del medio ambiente y en la lucha contra el calentamiento global. Frecuentemente, son los jóvenes quienes dan el ejemplo de estilos de vida saludables y amables con el medio ambiente; quienes promueven nuevas tecnologías que no sólo hacen más eficiente el uso de la energía, sino que también fomentan la inclusión y el respeto a la diversidad.

Durante las próximas tres décadas (del 2012 al 2033), México experimentará una profunda transformación en su estructura poblacional que, presumiblemente, debiera traer beneficios tangibles al generar una ventana de oportunidad o “bono demográfico”. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO), la población joven y económicamente activa será, como nunca antes en nuestra historia reciente, la más numerosa del país y, por lo mismo, debiera estimular un círculo virtuoso entre empleo, ahorro e inversión, y nuevamente más empleos.

Por lo mismo, considero que es imperativo que los jóvenes cuenten desde hoy con las herramientas de conocimiento y tecnológicas más adecuadas e innovadoras, que den sustentabilidad al desarrollo futuro de México. Desafortunadamente, los contrastes nacionales nos hacen sentir incertidumbre sobre el aprovechamiento o no del “bono demográfico”. En entidades como el Distrito Federal, por ejemplo, se han instrumentado programas de apoyo gubernamental a los jóvenes, en consideración a esta oportunidad histórica de la pirámide poblacional; pero en otras, como en Jalisco, se está negando en los hechos la posibilidad de que la juventud tenga acceso a una educación pública de calidad.

 Este Año Internacional de la Juventud el tema del cuidado del medio ambiente, la preservación de los recursos naturales del país y la sustentabilidad del desarrollo nacional, debe colocarse como uno de los capítulos prioritarios y transversales en el ejercicio no sólo de la función pública, sino –en mi opinión- en la agenda de todo el quehacer nacional.

 

Jóvenes buzos limpiando el Lago de Chapultepec, DF, 2005

 

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