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En la COP 16 se deberán acordar mecanismos para enfrentar y mitigar efectos del calentamiento global

 

Pesimismo por la posición de países como China y los EE.UU. en materia de reducción de gases de efecto invernadero

 

Reducir emisiones a través de evitar la deforestación y degradación de los bosques, puede ser compensado financieramente a través de mecanismos como REDD +

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 6 de diciembre de 2010.

 

Persiste el pesimismo en la cobertura mediática de la XVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (la COP 16), que desde la semana pasada se está realizando en Cancún. Una abrumadora mayoría de las notas periodísticas afirman que, al igual que sucedió en Copenhague hace un año, en Cancún el mundo no llegará a acuerdos importantes para frenar las causas del calentamiento global y del cambio climático.

 A lo largo de la semana, muchos espacios noticiosos hicieron gran revuelo por las declaraciones del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en el sentido de que no habrá resultados contundentes en Cancún; o han destacado el hecho de que la afluencia de primeros ministros y de delegados a la COP 16, apenas alcanza el 20 por ciento de los que acudieron hace un año a la reunión de Copenhague. A muchos aterra –y con sobrada razón- el hecho de que, a dos años de que concluya la vigencia del Protocolo de Kioto, la humanidad no haya sido capaz aún de establecer compromisos y mecanismos suficientes para reducir y controlar la producción de gases de efecto invernadero. La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera aumenta peligrosamente por arriba de las 350 partes por millón, y la elevación de la temperatura promedio en el planeta muestra ya sus efectos devastadores en distintas latitudes del planeta.

 La actual configuración de la economía mundial tampoco da mucho lugar al optimismo, sobre todo cuando pensamos en países como China y los Estados Unidos (las dos naciones más contaminantes del planeta). Las transformaciones tecnológicas que requieren sus plantas productivas para alcanzar una reducción significativa en la emisión de gases de efecto invernadero, lo sabemos, demandan costos que ninguna de estas dos economías están dispuestas a asumir; no al menos a la velocidad y en la magnitud en la que la emergencia ambiental lo está exigiendo. Esto es sabido por todos y, por lo mismo, desde un principio se ha afirmado que en Cancún no se llegará a concretar un acuerdo que obligue a las partes a reducir la producción de gases de efecto invernadero. A pesar de esto, lo que sí es posible y muy probablemente resulte de la COP 16, es que se acuerden mecanismos internacionales para enfrentar y mitigar con relativo éxito los efectos climáticos del calentamiento global.

 La transferencia de tecnologías limpias y –sobre todo- el establecimiento de mecanismos financieros que apoyen la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, pueden ser acuerdos de enorme trascendencia que deriven de Cancún. Este es el caso (como lo destacó el presidente de México ayer, en el Día Mundial de los Bosques) del mecanismo REDD + (o REDD Plus), que persigue la reducción de emisiones a través de evitar la deforestación y/o la degradación de los bosques. “El planteamiento básico detrás de REDD es que aquellos países dispuestos y en posibilidad de reducir emisiones  por evitar la deforestación y degradación de sus bosques, deberían ser compensados financieramente por dichas acciones.” [1]

 En México, por ejemplo, se estima que la pérdida y degradación de los bosques, es causante del 10 por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. Junto con la generación y consumo de energía, la producción de basura, la actividad industrial y la agricultura, la destrucción de nuestros bosques es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, pues el carbono originalmente almacenado en los árboles es liberado en forma de CO2. Así pues, la adopción plena del mecanismo REDD + podría ayudar a México –o a otros países con recursos forestales- a tener acceso al financiamiento externo para realizar acciones en favor de la conservación y restauración de sus bosques. Esto implicaría beneficios directos para las comunidades forestales y –desde luego- para el planeta entero.

 A través de una estrategia REDD, acciones muy puntuales (como el establecimiento de áreas protegidas, el mejoramiento del manejo o la reducción de incendios forestales) serían sujetas a una cuantificación a través de metodologías mundialmente reconocidas, y compensadas financieramente por su aportación a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si de la cumbre de Cancún surge un acuerdo internacional para la reducción de emisiones por deforestación y/o degradación evitada, creo que entonces podremos sentirnos orgullosos por haber alcanzado una negociación exitosa y acuerdos en beneficio del planeta entero.

 

 

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