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El Protocolo de Montreal pudo retrasar entre 7 y 12 años los efectos del cambio climático

 

Cientos de toneladas de CO2 no han sido emitidas a la atmósfera, por la prohibición mundial para fabricar y consumir químicos que afectan a la capa de ozono

 

Se ha detenido la pérdida de la capa de ozono de nuestra atmósfera y, muy posiblemente, estará completamente recuperada –a los niveles previos a 1980- a mediados de este siglo

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 20 de septiembre de 2010.

 

El jueves de la semana pasada, el mundo festejo el aniversario número 23 de la firma del llamado “Protocolo de Montreal”, un acuerdo con el que –en 1987- los 29 países que le suscribieron se comprometían a realizar acciones para proteger a la capa de ozono del planeta.

Por aquellos días, el científico norteamericano Frank Sherwood Rowland, el mexicano Mario Molina y el holandés Paul Crutzen (ganadores del premio Nobel en 1995), desarrollaron una teoría que alertó a la humanidad sobre la eventual pérdida de este vital componente de nuestra atmósfera. Para decirlo en términos muy generales, descubrieron que las sustancias llamadas CloroFluoroCarbonos (o CFC´s), utilizadas masivamente para la refrigeración, para la climatización y en el embasado de muchos productos industrializados, estarían adelgazando la capa de ozono de nuestra atmósfera. Esta capa de ozono tiene la función de protegernos contra los rayos ultravioleta que son dañinos (UV-B y UV-C) y sólo deja entrar a la superficie del planeta a los que son menos peligrosos para la vida (UV-A).

 En algunas regiones del mundo se comenzaron a formar “agujeros” en la capa de ozono y, de manera simultánea, se detectaron graves afectaciones a los ecosistemas terrestres y marinos; pero –sobre todo- se documentó un alarmante crecimiento de problemas de salud como el cáncer de piel, daños en retina, cataratas y el debilitamiento del sistema inmunológico de los humanos y de otras especies. En respuesta, el “Protocolo de Montreal” –firmado en 1987- contemplaba la suspensión total de la producción de los CFC´s, y la disminución del 50 por ciento de su consumo en diez años.

En la actualidad, son alrededor de 198 países los que se han sumado a este esfuerzo internacional y, afortunadamente, ya podemos hablar de resultados exitosos. En 23 años, se redujo –a nivel mundial- más del 95 por ciento de la producción y consumo de un centenar de sustancias químicas dañinas para la capa de ozono.  

En un estudio presentado la semana pasada por la Organización de las Naciones Unidas, se afirma que se ha detenido la pérdida de la capa de ozono de nuestra atmósfera y que, muy posiblemente, estará completamente recuperada –a los niveles previos a 1980- a mediados de este siglo. En las regiones polares, aclarara el estudio de la ONU, el proceso será más tardado. Sin embargo, durante los dos últimos años se ha visto una reducción considerable en el tamaño del agujero de la capa de ozono en la región Antártica. Más aún, el doctor Mario Molina ha dicho que gracias a las acciones enmarcadas en el “Protocolo de Montreal”, cientos de millones de toneladas de dióxido de carbono no han sido emitidas a la atmósfera y, consecuentemente, se han retardado entre siete y 12 años los efectos del calentamiento global.

En el presente, además de cumplir al cien por ciento los objetivos del Protocolo de Montreal, el reto es abatir durante las próximas tres décadas a una segunda generación de químicos que afectan también a la capa de ozono (los HCFC, hidroclorofluorocarbonos). También, la ONU ha señalado que muchas sustancias con las que se han sustituido a los CFC´s, producen gases de efecto invernadero y son precursoras del calentamiento global.

 Es en verdad esperanzador constatar que, cuando nos lo proponemos, somos capaces de enfrentar grandes retos –como lo es para la humanidad la protección de la capa de ozono del planeta. Es una prueba de que, cuando actúan juntos gobiernos, científicos, empresarios, medios de comunicación y la población en general, se pueden alcanzar mejores condiciones de bienestar.

Sin embargo, el problema aún dista mucho de ser resuelto. Por ello, es necesario que busquemos más información sobre el tema y que conozcamos la forma en que debemos actuar, individual o colectivamente, para garantizar que las generaciones actuales y las futuras cuenten con un medio ambiente adecuado para su desarrollo. ▄  

 

 

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