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200 años de devastación ambiental, el costo que hemos pagado por la construcción de una Nación

 

 

Es de capital importancia frenar la destrucción de nuestro territorio, para así garantizar que los mexicanos del futuro disfruten también de sus bondades

 

 

Invitación al auditorio de Revista Antena Radio para escuchar la serie radiofónica "La Tierra del Cenzontle", transmitida a través de las estaciones del IMER

 

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 13 de septiembre de 2010.

 

Finalmente llegamos a esta semana –tan esperada por muchos-, en la que se cumplen 200 años del inicio del movimiento de Independencia en nuestro país. Sin lugar a dudas, hay que festejar la construcción de México como una nación con identidad propia; y, desde luego, merece ser celebrado que, gracias al esfuerzo y al orgullo de su gente, la fascinante cultura e historia de nuestro país es reconocida universalmente.

Estas conmemoraciones han sido, también, motivo para conocer y reflexionar sobre el devenir de otras facetas de nuestra historia como nación. Éste es el caso de la serie radiofónica “La Tierra del Cenzontle; historia del medio ambiente en México”, que Radio 2010 del Instituto Mexicano de la Radio está transmitiendo en estos días.

 

 

Me parece que es urgente que los mexicanos hagamos un balance de los costos que –a lo largo de dos siglos- ha implicado para el entorno natural la construcción de nuestra nación. Las noticias no son buenas y el deterioro ecológico está llegando al “punto de no retorno”. Por ello, hoy es de la mayor importancia que dimensionemos y reflexionemos sobre la manera en que, históricamente, nos hemos venido relacionando con los ecosistemas y con la riqueza natural de nuestro territorio.         

Hace 200 años, Alexander Von Humboldt advertía con gran preocupación que México había perdido una tercera parte de todos sus bosques a lo largo de tres siglos de época colonial. La ganadería extensiva, la agricultura y la minería durante la Colonia, fueron los principales responsables de ese lamentable hecho.

En los albores del siglo XX, el crecimiento de la industria, de la construcción y de un amplio sistema ferroviario, además del empobrecimiento del campo, demandó enormes cantidades de madera para satisfacer las necesidades de energía. En 1901, durante el Segundo Congreso Nacional sobre Clima y Meteorología, Miguel Ángel de Quevedo (el “apóstol del árbol”) señaló a la deforestación como la causante de las intensas sequías que aquejaban al centro del país, explicando que la pérdida de cubierta vegetal estaba reduciendo la presencia de lluvias en la región y calentaba la atmósfera.

Durante los años posteriores a la gesta revolucionaria, y especialmente durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas del Río, el reparto agrario atomizó bastas extensiones del territorio nacional y provocó severos impactos sobre los ecosistemas. A pesar de la decidida política de conservación de los recursos forestales del presidente Cárdenas, la inserción de México al capitalismo mundial nos llevó a priorizar –en décadas posteriores- el crecimiento industrial y urbano por encima del cuidado de nuestros bosques y selvas.

Quizás el punto más álgido de esa política agraria históricamente tan perniciosa para los ecosistemas y los recursos naturales del país, se vivió en la década de los 70. En el año de 1972, el gobierno de Luís Echeverría creó a la tristemente célebre Comisión Nacional de Desmontes que, con la fuerza de enormes tractores y el arrastre de cadenas a flor de suelo, arrasó con decenas de miles de hectáreas de selva y devastó importantes ecosistemas tropicales húmedos en la región de la Chontalpa, el Istmo de Tehuantepec y en Balancán – Tenosique. Muchas de estas zonas, por cierto, hoy inundadas y con severos problemas de contaminación.

Más recientemente –y en medio de la peor crisis ambiental del país-, organizaciones ambientalistas han lamentado los reducidos presupuestos para apoyar a las comunidades forestales, poseedoras del 80 por ciento de los bosques nacionales. Así, por ejemplo, durante los primeros años del nuevo milenio, el gobierno canalizó a estas comunidades una cantidad mucho menor de recursos, de los que utilizaba el Congreso para obras en el Palacio Legislativo o para pagar los viajes de los diputados.

En fin, vaya una atenta invitación a nuestro muy apreciable auditorio para que escuche, a través de Radio 2010 o en la programación de las distintas emisoras del IMER, la serie “La Tierra del Cenzontle; historia del medio ambiente en México”.

En estos días en los que conmemoramos nuestro orgullo de ser mexicanos, no está de más recordar lo mucho que le debemos a esta tierra –aún de las más diversas biológicamente en todo el planeta- y la importancia de frenar su destrucción para, así, garantizar que los mexicanos del futuro disfruten de sus bondades.

 

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