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En su tiempo, nadie cuestionó la legitimidad de construir los Ejes Viales en el DF

 

Los Ejes Viales implicaron la demolición total o parcial de miles de viviendas, casas y edificios, así como la reubicación o el retiro de parques y camellones arbolados

 

Hoy, enormes cuantías de recursos públicos tienen que ser canalizados al mantenimiento y a la construcción de obras viales, para soportar y evitar el colapso de una creciente planta vehicular de alrededor de cinco millones de automotores

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 2 de agosto de 2010.

 

Hace tres semanas, en este mismo espacio, compartía con ustedes mi opinión y dos posibles pronósticos relacionados con los impactos que tendrá en el medio ambiente del Distrito Federal la construcción de la Supervía Poniente. Uno –sugerí-, que de cumplirse cabalmente con las condicionantes y con la normatividad ambiental, la obra pueda convertirse en un factor que promueva orden al caótico crecimiento de la ciudad sobre sus barrancas, o; segundo, que detone un mayor caos en el uso del territorio y agrave aún más su avanzado deterioro.

 Cualquiera que sea el desenlace por el que opten los actores del enfrentamiento político por la construcción de esta obra pública, lo que en mi opinión verdaderamente nos estamos jugando los habitantes del Distrito Federal, es encontrar la justa medida para conciliar y equilibrar el interés colectivo y el interés individual. Es positivo que ambas partes invoquen entre sus razones criterios para la protección del medio ambiente; pero es desalentador que no surjan propuestas que abanderen alternativas viables, sustentables, para ordenar al largo plazo el transporte y la movilidad en el poniente de la capital del país.

 Cuando se construyeron los Ejes Viales en esta ciudad –hace ya más de 30 años-, casi nadie se cuestionaba la legitimidad de la autoridad pública para imponer el “bien común” y, mucho menos, alguien se habría lanzado a realizar protestas en las calles para defender la integridad de su propiedad particular. Afortunadamente para quienes vivimos en el Distrito Federal, hoy conocemos un poco mejor nuestros derechos ciudadanos y que existen instrumentos para ejercerlos; y también, es una buena noticia que, a pesar de lo autoritaria que pudo ser la construcción de los ejes viales –a finales de los años setenta-, éstos resultaron ser una solución de largo plazo al caos vial y de movilidad que ya vivía la ciudad.

 

 

 Los Ejes Viales implicaron la demolición total o parcial de miles de viviendas, casas y edificios, así como la reubicación o el retiro de parques y camellones arbolados. Para abrir paso al automóvil como el gran protagonista del espacio urbano, se afectó al patrimonio de incontables familias y se transformó la imagen de muchísimas colonias tradicionales. Ciertamente ya saturados, los Ejes Viales evitaron el colapso de la vialidad en el Distrito Federal (hasta el presente) y, muy seguramente, contribuyeron a reducir el número de emisiones contaminantes, los niveles de ruido y los tiempos de traslado para los automovilistas.

 En la actualidad, en la Ciudad de México, el 80 por ciento de los espacios dedicados al desplazamiento de las personas es ocupado por el automóvil. En este tipo de transporte –calculan los expertos-, sólo se moviliza el 20 por ciento de toda la población capitalina. Los gobiernos de la ciudad, ininterrumpidamente y desde mediados del siglo pasado, han venido construyendo un modelo de movilidad urbana ciertamente sesgado y que favorece sólo a una minoría.

 El resultado es que hoy, enormes cuantías de recursos públicos tienen que ser canalizados al mantenimiento y a la construcción de obras viales, para soportar y evitar el colapso de una creciente planta vehicular de alrededor de cinco millones de automotores que transitan diariamente por la ciudad.

Habemos quienes consideramos que, en lugar de un segundo piso sobre el Anillo Periférico, quizás hubiera sido más democrático y mejor para el medio ambiente construir un eficiente sistema de trenes eléctricos. Pero no sucedió así, como tampoco parece lo será con la construcción de la Supervía Poniente.

 Es importante que quienes vivimos en ésta o en otras ciudades del país, busquemos conocer y solicitemos información sobre las obras públicas que realizan los distintos órdenes de gobiernos. Esa es nuestra obligación y un derecho.

 Sólo así, bien informados, estaremos en mejor posición para participar en la toma de decisiones públicas; y no –como generalmente sucede- ser víctimas (y en otros casos cómplices) de las aspiraciones personales de funcionarios y políticos localistas, que –por cierto- no siempre transmiten una percepción acertada de la ecología o del bien común.

 

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