Generación Ni
Ni plantea un desafío para la educación ambiental formal
A
un creciente número de jóvenes mexicanos no le interesa
incorporarse ni al sistema educativo formal ni al mercado
laboral.
Una generación compuesta por varios millones de jóvenes
mexicanos (y a los que se les ha comenzado a identificar
como “ni ni”), está expuesta a mensajes mediáticos que
pontifican estilos de vida insustentables o que fomentan el
consumismo
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
26 de julio de 2010.
De algunos meses a la fecha, diversos medios de comunicación
impresos y electrónicos han buscado reflexionar sobre la
llamada generación “ni ni”, que –como lo sabemos-
hace referencia a los jóvenes de distintos estratos
socioeconómicos que ni trabajan ni estudian. Quienes se han
detenido a analizar este fenómeno generacional afirman que a
la prevalencia de la desesperanza y a la falta de un
proyecto de vida entre muchos jóvenes, se suma el
inmediatismo y un ánimo consumista.
Se trata de una ecuación poco alentadora, por supuesto,
cuando consideramos que la actual crisis ecológica requiere
de enormes esfuerzos en materia de educación ambiental y,
sobre todo, de un cambio radical de los hábitos de consumo
vigentes entre la población. Como nunca antes, las
generaciones presentes tenemos no sólo que tomar conciencia
sino acciones concretas, para frenar el consumo irracional
de los recursos naturales y revertir fenómenos como la
pérdida acelerada de especies de flora y fauna, el aumento
de la temperatura promedio del planeta y el cambio
climático.
Una generación desalentada y sin un proyecto de vida –como
se define también a los integrantes de la generación “nini”-,
resultará necesariamente en un pasivo para concretar las
oportunidades de cambio que demanda el desarrollo
sustentable del país.

El INEGI estima que son cerca de seis millones de jóvenes
mexicanos los que, teniendo la posibilidad de hacerlo, no
estudian ni buscan trabajo; y, de acuerdo con la UNAM,
quienes integran a la generación “ni ni” son siete millones
de jóvenes, entre los 14 y los 29 años de edad. Con base en
sus propios indicadores, la Secretaría de Educación Pública
ha calculado que son cerca de 10 millones de jóvenes los que
abandonan los estudios y quienes, en su mayoría, tampoco
buscan integrarse al mercado laboral.
Cualquiera que sea la cifra poblacional que consideremos la
más correcta para segmentar a la generación “ni ni”, el
hecho es que a un creciente número de jóvenes mexicanos no
le interesa incorporarse ni al sistema educativo formal ni
al mercado laboral. Además, y al igual que sucede con la
“generación JASP” (jóvenes sobradamente preparados), la
dramática distorsión entre expectativas de progreso, oferta
educativa y oportunidad laboral, ha incrementado la
desilusión y el desinterés de muchos jóvenes en muchas
partes del mundo.
En España –por ejemplo-, más de la mitad de los jóvenes
situados entre los 18 y los 34 años de edad, dicen no tener
algún proyecto por el cual sentirse especialmente
interesados o ilusionados; sociólogos de la Universidad de
Sevilla explican esto como la desaparición de un modelo
vocacional profesional que implicaba la construcción
sistemática de un estilo de vida, con esfuerzos y
recompensas, con un futuro y un destino final conocido.
Y si bien la educación ambiental no es una prioridad en
todos los grados o programas académicos del sistema
educativo en México, lo cierto es que sí hay esfuerzos por
incorporar a la formación básica de las personas
consideraciones para el cuidado del medio ambiente.
En verdad, es preocupante pensar en que una generación
compuesta por varios millones de jóvenes mexicanos (y a los
que se les ha comenzado a identificar como “ni ni”), esté
expuesta casi de manera exclusiva a los mensajes mediáticos
que pontifican estilos de vida insustentables o que fomentan
el consumismo.
Es
urgente introducir –donde no lo haya- al tema ambiental, en
el caprichoso entramado de la comunicación entre los
jóvenes; éste es un fantástico reto para los medios como la
radio, las redes sociales en Internet o incluso para muchas
expresiones artísticas.
Si un numeroso segmento de jóvenes está rechazando
incorporarse al sistema educativo o al mercado laboral, eso
plantea serios desafíos para quienes –desde diversos
sectores de la sociedad- tienen su parte de responsabilidad.
Lo que no puede ser ya pospuesto, es generar un cambio real
de la manera en que los mexicanos estamos utilizando
nuestros recursos naturales y a los ecosistemas. Ya sea a
través de los sistemas formales (que muchos jóvenes están
rechazando) o en la comunicación “alternativa”, la educación
ambiental reclama espacios e imaginación.▄

"Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de
relaciones personales, la búsqueda de una mayor
solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y
religiones convencionales, los intentos de combatir la
crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y
hasta el nihilismo denotan que algo se mueve en las
entretelas de esa generación.
"
Eduardo Bericat, catedrático de
Sociología de la Universidad de Sevilla (El País,
22/06/2009 )