Carlos Monsiváis
apoyó causas y movimientos por la defensa del medio ambiente
"El humanismo hoy tiene dos campos que lo han ampliado: los
derechos humanos, en primer término; y la defensa de la
ecología, también en primer término":
Carlos Monsiváis
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
21 de junio de 2010.

Con
su sentido del humor, infalible asertividad e irrepetible
inteligencia, Carlos Monsiváis tuvo la enorme virtud de
sumarnos a muchos a causas de vida sustentadas en el
compromiso social pero, sobre todo, en la honestidad
intelectual y la acción afirmativa. Su vida es el ejemplo
más elocuente de que esto es posible; su muerte, el triunfo
de la omnipresente ironía.
Nuevamente, con su súbita partida, Monsiváis nos convoca a
reflexionar sobre esta colectividad que nos nombramos
“México” y a abrevar de su pensamiento, integrador de lo
excluido, reivindicador de lo discriminado y profundamente
enamorado de nuestra tierra y de nuestra ciudad.
El tema de la ecología, de la defensa de los derechos y el
acceso a la justicia ambiental, no fue indiferente para el
escritor. En una entrevista concedida a
El Hablador, revista virtual de literatura, y
con motivo del Congreso sobre las Humanidades en el Siglo
XXI, en la ciudad de Lima, Carlos Monsiváis afirmó que
“…el
humanismo hoy tiene dos campos que lo han ampliado: los
derechos humanos, en primer término; y la defensa de la
ecología, también en primer término (aunque no tiene la
misma resonancia del primero)”.
En la entrevista, el escritor lamentó que cuatro quintas
partes de los bosques mexicanos hubieran sido ya talados, y
señaló a la pérdida de la biodiversidad en el territorio
nacional como un “exterminio” muy notable. Más aún, cuando
todos apuntaban al cambio climático como la única causa de
las devastadoras inundaciones de noviembre del 2007 en
Tabasco, Carlos Monsiváis denunció la complicidad entre
autoridades y empresas, señaló a la pobreza de las
comunidades del Alto Grijalva y a la despiadada
deforestación de los bosques tropicales como la variable más
directa del desastre en Villahermosa.
En repetidas ocasiones, Monsiváis apoyó causas y movimientos
por la defensa del medio ambiente. Hace apenas seis meses,
al recibir el doctorado honoris causa de la
Universidad Autónoma de San Luís Potosí, el escritor
manifestó su indignación por el atropello de los derechos
ambientales de la comunidad potosina por parte de la Minera
San Xavier –empresa canadiense que extrae oro y plata del
Cerro San Pedro y a la que grupos civiles le han documentado
provocar graves daños al medio ambiente.
Monsiváis también estaba preocupado por la pérdida de la
diversidad biológica en el país. En el mes de febrero de
este año, se sumó –junto con otros intelectuales y artistas-
al rechazo de la entrega de 28 permisos a empresas
trasnacionales para el cultivo en el territorio nacional de
cinco variedades de maíz transgénico.
Su amor por los animales, especialmente por los gatos, es
quizás una de las primeras imágenes que evocamos al nombrar
a Carlos Monsiváis. También, fue un activo opositor a que se
causara sufrimiento y la muerte de los toros en la fiesta
brava. No faltaron las acusaciones ignorantes y prejuiciadas
de grupos conservadores, que afirmaran que para Monsiváis
era más importante la vida de los animales que la de un feto
humano.
Como seguramente le pasó a muchos jóvenes de mi generación,
en los años setenta tuve el privilegio de compartir la mesa
con el maestro Monsiváis en algunas ocasiones y en aquellos
célebres cafés de la Zona Rosa: el
Toulouse-Lautrec
y el Carmel. Y la última ocasión en que pude
estrechar su mano fue en un concierto de la cantante
neoyorkina Cyndi Lauper, a mediados de los noventa, en el
Auditorio Nacional, donde por una afortunada casualidad
compartimos asientos.
Reza una popular frase que “no podemos amar a lo que no
conocemos y no podemos proteger a lo que no amamos”.
Acercarse a la obra de mexicanos de excepción, como lo es
Carlos Monsiváis, sin lugar a dudas abonará a engrandecer el
amor y el orgullo que sentimos por nuestro país; y,
consecuentemente, su lectura nos dará luz sobre lo
importante que es preservarle diverso, con equidad y con
justicia para todos.
▄