En sólo 40 años,
México perdió la mitad de toda su cobertura vegetal
La desertificación en México afecta a dos de cada tres
hectáreas del territorio nacional
El país ha perdido más del 95 por ciento de sus selvas y
bosques tropicales húmedos y más de la mitad de los bosques
templados. La situación de los manglares es también crítica.
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
14 de junio de 2010.
El próximo jueves 17 de junio –y desde 1994, por acuerdo de
la Asamblea General de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU)- se celebra el Día Mundial de Lucha contra la
Desertificación y la Sequía. Se trata de un llamado para que
todos los pueblos y los gobiernos del mundo, actuemos para
frenar y revertir la cada vez más extendida pérdida de
suelos fértiles en el mundo.
A diferencia de la “desertización”, la desertificación es un
proceso en el que las actividades humanas contribuyen a la
degradación y a la pérdida parcial o total de la fertilidad
y del potencial de producción del suelo. Como causas
directas de la desertificación está la deforestación y la
pérdida de cubierta vegetal del territorio, la erosión
causada por la agricultura intensiva y el manejo inadecuado
de la tierra con fertilizantes y pesticidas agroquímicos,
así como el crecimiento desordenado de los asentamientos
humanos y la urbanización sobre importantes extensiones de
suelo fértil.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA), una tercera parte de la superficie
de los continentes son zonas desérticas. Sin embargo, éstas
se están incrementando aceleradamente como consecuencia de
las actividades humanas. Los científicos aseguran que
nuestro planeta ha perdido más de la mitad de las áreas
cubiertas por ecosistemas naturales, y esta tendencia es
prácticamente la misma en nuestro país, donde –de por sí- el
40 por ciento de un territorio de 157 millones de hectáreas
es desierto.

Al día de hoy, los mexicanos hemos eliminado ya más de la
mitad de la cobertura vegetal que existía en el territorio
nacional hace apenas 40 años. Recordemos que, en la década
de los setenta, existía incluso una Comisión Nacional de
Desmonte cuya misión era acrecentar la frontera agrícola en
perjuicio de bosques y selvas del país. El desarrollo
agropecuario, la ganadería y el crecimiento urbano han
arrasado con cientos de especies de flora y fauna. México ha
perdido más del 95 por ciento de sus selvas y bosques
tropicales húmedos, más de la mitad de los bosques
templados, y aún hay dificultad para cuantificar el
deterioro que hemos causado sobre los recursos naturales en
zonas áridas, desiertos naturales y en humedales
(especialmente los manglares).
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) estima que en México son deforestadas
cada año alrededor de 314 mil hectáreas de cobertura
vegetal; sin embargo, organizaciones campesinas, grupos
ambientalistas e incluso autoridades hablan de 600 mil y
hasta de un millón de hectáreas deforestadas cada año.
Indicadores de la Universidad Autónoma de Chapingo señalan
que el 64 por ciento de las tierras de cultivo en México
presentan un nivel de degradación que va de ligero a extremo
y que, consecuentemente, nuestros suelos están perdiendo
paulatinamente su capacidad productiva.
La desertificación en México afecta a dos de cada tres
hectáreas del territorio nacional. La Red mexicana de
Esfuerzos contra la Desertificación y la Degradación de los
Recursos Naturales (Riod-México), señala que la disminución
de la superficie y de la productividad agrícola y forestal,
es responsable de una caída de aproximadamente el 10 por
ciento del Producto Interno Bruto. En el ámbito social, se
atribuye a la desertificación el que cada año emigren entre
300 mil y 400 mil personas que se ven obligadas a abandonar
sus tierras.
Por todo esto, es importante que impulsemos cambios para
favorecer formas de producción que frenen la destrucción de
los bosques y la desertificación. En la medida de nuestras
posibilidades, informémonos y prefiramos adquirir productos
en los que no se utilizan agroquímicos o métodos que
destruyen al medio ambiente; protejamos y acrecentemos las
áreas verdes en el lugar donde vivimos. La lucha contra la
desertificación es -sin duda- una tarea de todos.▄
