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Día Mundial del Agua 2010: prevalece inequidad en disponibilidad y acceso al vital líquido

 

Una quinta parte de la población mundial no tiene acceso permanente al agua potable y, consecuentemente, cada año mueren más de dos millones de personas por enfermedades relacionadas con la mala calidad del líquido

En México, estamos lejos de construir políticas públicas integrales y de adoptar una verdadera cultura del agua

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 22 de marzo de 2010.

 

Hoy -22 de marzo- es el Día Mundial del Agua. Desde el año de 1993, cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas así lo declaró, cada año se realizan distintos esfuerzos en prácticamente todos los países del orbe para recordar y concientizar a todos respecto de los problemas y las soluciones en materia de disponibilidad, acceso y calidad del agua. Más aún, desde el año 2005 y hasta el 2015, la ONU proclamó el Decenio Internacional para la Acción, “el Agua, fuente de vida”.

Hoy nadie pone en duda que, el del agua, es uno de los problemas ambientales más apremiantes de atención mundial, pues no sólo estamos experimentando ya severos impactos en los ecosistemas del planeta, sino –sobe todo- la calidad de vida de millones de seres humanos hoy está severamente deteriorada. Una quinta parte de la población mundial no tiene acceso permanente al agua potable y, consecuentemente, cada año mueren más de dos millones de personas (la mayoría en países en desarrollo) por enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada y por las inadecuadas condiciones sanitarias que prevalecen en el acceso al vital líquido.

 

 

Es triste saber que seis mil niños y niñas mueren todos los días en el mundo (es decir, 250 niños cada hora) víctimas de enfermedades relacionadas con la insalubridad o la falta de agua potable. En ciertas regiones de Asia, de África e incluso de América Latina, las mujeres deben caminar hasta seis kilómetros de distancia para abastecerse con unos pocos litros de agua y satisfacer muy precariamente las necesidades de agua del grupo familiar.

La disponibilidad y el acceso al agua potable en los distintos países del mundo, evidencia claramente las diferencias y la inequidad del crecimiento y el desarrollo económico. En los países en vía de desarrollo, cada persona utiliza en promedio diez litros de agua; mientras que en las naciones desarrolladas el promedio es de alrededor de 135 litros de agua por persona.

En México, la disponibilidad, el acceso y la calidad del agua sufren también de una distorsión muy particular. Resulta que en la porción del territorio nacional donde estamos asentados más del 70 por ciento de la población (norte y centro), sólo se cuenta con alrededor del 30 por ciento de toda el agua dulce disponible en el país; y, en contraste, donde se habita el 30 por ciento de los mexicanos (sur y sureste), se encuentra más del 60 por ciento de toda el agua dulce del país.

Para no ir más lejos, en la Ciudad de México vivimos cotidianamente las consecuencias de este patrón distorsionado e inequitativo no sólo de la distribución, sino del acceso al agua. Mientras que en la zona poniente de la capital algunas personas utilizan entre 600 y mil litros de agua diaria, en el oriente –en la delegación Iztapalapa y en algunos municipios mexiquenses-, más de 200 mil familias sólo disponen de 50 o menos litros por persona.

Y si bien hoy se realizan importantes campañas y obras públicas para garantizar una mejor administración del agua tanto en la capital como en otras importantes ciudades del país, creo que aún estamos lejos de construir políticas públicas integrales y de adoptar una verdadera cultura del agua en todo el territorio nacional.  

Como lo he insistido en este espacio, el campo mexicano (que consume alrededor del 80 por ciento del total del líquido disponible en todo el territorio nacional) requiere de inversiones sustanciales y de mejoras tecnológicas para hacer un mayor y mejor aprovechamiento del agua. El bienestar de quienes vivimos en las ciudades –que somos la mayoría-, no puede estar completo sin el mejoramiento de las condiciones de quienes viven en el campo. Esta fecha es una buena ocasión para reflexionar en ello.

 

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