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Discriminación de la mujer ha conducido al  empobrecimiento del medio ambiente en el planeta

 

En lugares como Guatemala, condiciones sociales, culturales y laborales que marginan a las mujeres, están contribuyendo a la pérdida de la diversidad genética del maíz

Trabajar por la igualdad y la equidad de género no es sólo un acto de justicia social y humana básico, sino una condición indispensable para la conservación del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la seguridad de la especie humana

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 8 de marzo de 2010

 

Esta fecha -8 de marzo, Día Internacional de la Mujer-, es también una de las principales conmemoraciones que buscan fortalecer entre la población el respeto y el cuidado del medio ambiente, así como  promover el desarrollo sustentable en el concierto de las naciones. Como lo ha reconocido la Organización de las Naciones Unidas, la igualdad y la equidad de género son esenciales para lograr el desarrollo sostenible, eliminar la pobreza y hacer valer los derechos.

 En cada país, la mujer tiene asignados roles específicos y vitales en cuanto a la gestión y la conservación de la diversidad biológica, del uso del agua, el aprovechamiento del territorio y de sus recursos naturales. Pero, gracias a que la ignorancia es terreno fértil para la discriminación y la exclusión, las mujeres constituyen hoy más de la mitad de los pobres del mundo y, como resultado, nuestro medio ambiente empobrece también peligrosamente.

 

Parque México / foto: Paco Calderón, 2004.

 

 En la década de los noventa, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) realizó un estudio en 31 municipios de Huehuetenango, en Guatemala,  sobre el papel que juegan las mujeres campesinas en la conservación de la variedad genética del maíz. Resulta que las actividades de cosecha manual y de selección de semillas realizadas por las mujeres, permite mantener las características de las variedades locales y les da, además, la oportunidad de reconocer y propagar mutaciones interesantes o nuevas variedades híbridas de maíz.

 Pero –desafortunadamente-, las condiciones sociales, culturales y laborales que marginan a las mujeres, las posiciones radicales que se oponen a la diversidad de perspectivas, así como los intereses comerciales de los grandes capitales, están contribuyendo a la pérdida de la diversidad genética del maíz en esa región guatemalteca y profundizando la grave crisis alimentaria que ya vive nuestro vecino del sur.

 

 

 El panorama mundial es poco alentador, pero vislumbra una tendencia positiva. De acuerdo con la ONU, son solamente  siete países desarrollados donde se han alcanzado altos niveles de igualdad de género y que registran avances significativos en la participación social de la mujer (ahí, el 30% de los parlamentarios son mujeres, frente a un 14% del promedio mundial). Entre los países en desarrollo, Argentina, Costa Rica y Sudáfrica cuentan con los mejores grados de libertad para las mujeres. En México, y a pesar de la reforma agraria, la desproporción de sexo en la posesión de la tierra es muy elocuente; de acuerdo con la ONU, sólo un 21 por ciento de la propiedad de la tierra en nuestro país está en manos de mujeres.

También, la ONU ha denunciado la alarmante disminución en el nacimiento de niñas en la India, debido a la preferencia de los hijos varones por razones económicas y a la facilidad para acceder, legal o ilegalmente, a exámenes de determinación de sexo. Estas transformaciones en la composición demográfica traerán, muy seguramente, consecuencias ambientales aún impredecibles para aquella nación.

El Día Internacional de la Mujer nos debe concitar a la reflexión de que sólo la igualdad y la equidad de género mantendrán sana y con vida a ésta, la Madre Tierra, y que acciones como la violencia de género, el machismo o el legislar en contra de la libertad de decidir de las mujeres, sólo nos acerca peligrosamente al ecocidio y a la destrucción.

 Tanto en el plano laboral como en el doméstico y el familiar, así como en todos los aspectos que integran nuestra vida, es necesario que valoremos, colaboremos y ampliemos las actividades realizadas por las mujeres. Trabajar por la igualdad y la equidad de género no es sólo un acto de justicia social y humana básico, sino una condición indispensable para la conservación del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la seguridad de la especie humana.

 

Papá paseando a los niños // Parque Ecológico Xochimilco, México DF // Foto: Paco Calderón, 2005.

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