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Es la actividad ganadera una de las tres principales responsables del calentamiento global

 

El 40 por ciento del valor total de la agricultura mundial, corresponde a las actividades pecuarias

Advierte la FAO sobre el crecimiento desequilibrado de la ganadería y sus impactos sobre el medio ambiente, como deforestación, pérdida de la biodiversidad y contaminación

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 22 de febrero de 2010

 

Cuando se le pregunta a la gente qué actividad humana es la que aporta la mayor cantidad de gases de efecto invernadero, si el transporte que utiliza gasolina o la producción ganadera, sin dudarlo casi siempre señala al primero. Pero resulta que no es así. La industria ganadera para la comercialización de carne, leche y una serie de productos de origen animal, es una de las mayores responsables del calentamiento global y de sus impactos sobre el clima del planeta.

La semana pasada –el 18 de febrero-, la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) presentó su informe anual sobre la situación mundial de la agricultura y la alimentación, en el que dedica un extenso capítulo para analizar la situación de la actividad pecuaria en todo el planeta. Resulta que, como consecuencia del crecimiento poblacional, del aumento en los ingresos y de la urbanización, la ganadería y la producción pecuaria en su conjunto están creciendo aceleradamente.

 

 

En la actualidad, el ganado representa ya el 40 por ciento del valor total de la agricultura mundial. Su crecimiento –señala la FAO- está significando severos impactos en el medio ambiente de todo el planeta, pues la velocidad del cambio ha sobrepasado la capacidad de reacción de muchos gobiernos nacionales, alterando la posibilidad de alcanzar equilibrios o de diseñar políticas públicas integrales.

Superada sólo por el consumo de energía de los edificios (causante de alrededor del 30% de los gases de efecto invernadero) y seguida por el área del transporte de combustión interna, la ganadería se coloca como una de las tres principales actividades que emiten gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global y el cambio climático. Se calcula que todos los factores que confluyen en la actividad ganadera, equivalen al 18% de las unidades totales de CO2 liberadas a la atmósfera por las actividades humanas.

Sólo por la fermentación de los alimentos en los estómagos del ganado, la industria pecuaria produce el 9% de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera; este mismo fenómeno genera el 37% de las emisiones de metano (gas que causa 23 veces más calentamiento global que el CO2). La cría de ganado es responsable del 65% del óxido nitroso (que causa 296 veces más calentamiento global que el CO2) y produce el 64% del amoniaco generado por la actividad antropogénica (y que es la sustancia causante de la lluvia ácida y de la acidificación de los ecosistemas).

 

 

Por otro lado, la ganadería utiliza una cuarta parte de la superficie terrestre para el pastoreo y una tercera parte del total de la tierra cultivable en la producción de forraje para los animales. Se sabe que esta actividad es la principal causante de la degradación, la compactación y la erosión del suelo. En cuanto al agua, la ganadería absorbe cerca del diez por ciento del agua dulce disponible en el planeta; y, hablando de la biodiversidad biológica, hay acuerdo en que la producción ganadera es la principal causa de pérdida de especies vegetales –por la deforestación- y de otras variedades animales que no han resultado rentables para esta actividad.

Aún estando conscientes de las consecuencias negativas que está trayendo la intensa actividad ganadera para la humanidad, la industria sigue creciendo por factores culturales, tradiciones y herencia. Tan sólo en el año 2009, México produjo 5.6 millones de toneladas de carne (1.2% más que en 2008).

Existe información inexacta respecto al valor nutricional de los productos  pecuarios y, con un 20 por ciento de la población mundial dedicada a esta actividad, actualmente se canalizan cuantiosos recursos e incentivos a la industria. Problemas de salud pública, como la obesidad y la diabetes, también tienen su origen en los patrones de consumo fomentados por una actividad económica que ya acusa severos desequilibrios ambientales.

Como consumidores, cada uno de nosotros tenemos el poder para generar cambios que repercutan en un mejor medio ambiente, salud y bienestar. Disminuir el consumo de carne y lácteos, procurando un balance alimenticio adecuado, es una acción muy positiva. Aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de suplementos como la vitamina B12, sin duda nos traerá beneficios individuales y colectivos.

 

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