Por la
intensa deforestación, sobrevive sólo el 2% de los bosques
de Haití
El 70 por ciento de la energía en Haití, tanto industrial
como doméstica, proviene de la combustión de la madera y del
carbón: PNUD.
A pesar de que en 1995 fue creado el Ministerio de Medio
Ambiente haitiano, al día de hoy éste no cuenta ni con una
ley ni con un titular y sólo tiene asignado el 0.25% del
presupuesto nacional.
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
18 de enero de 2010
Los mexicanos somos especialmente sensibles y solidarios
frente al sufrimiento de otros pueblos, especialmente cuando
éstos son devastados por terremotos como los que –hace 25
años- padeció la capital azteca. A lo largo de la semana,
hemos visto fluir la bondadosa ayuda del pueblo y del
gobierno mexicano para Haití, buscando con ello regresar a
la normalidad, en la medida de lo posible, a millones de
personas que en unos cuantos segundos lo perdieron todo.
Las desgarradoras imágenes del desastre y la intensidad con
la que fluye la información sobre la emergencia en Haití,
pudiera hacer pensar a muchos que, antes del pasado 12 de
enero, aquel pueblo caribeño del que poco se escucha hablar
tenía una vida plácida y hasta exuberante. Pero no es así.
Lo cierto es que, a lo largo de su historia, Haití ha vivido
un interminable recuento de intervenciones extranjeras y de
convulsiones políticas al interior; ha padecido el desmedido
saqueo de sus recursos naturales; su vida institucional es
débil y su pueblo vive sumido en la pobreza extrema.

Los expertos han señalado que Haití corre el riesgo de
convertirse en el primer desierto de la región caribeña, a
causa de la descomunal deforestación que se ha hecho de sus
bosques. Si bien, durante los siglos XIX y XX, grandes
extensiones de su territorio boscoso fueron transformadas en
plantaciones azucareras y bananeras propiedad de empresas
trasnacionales, ha sido durante los últimos 20 años que
Haití ha perdido la mayor parte de sus bosques.
La magnitud de esta devastación ambiental –hoy desnudada
también por el terremoto- se explica al saber que en Haití
más del 70 por ciento de la energía, tanto industrial como
doméstica, proviene de la combustión de la madera y del
carbón (PNUD). En la actualidad, esta nación caribeña
conserva tan sólo el 2% del total de los bosques que alguna
vez tuvo. De acuerdo al Informe Mundial sobre Desastres
Naturales de la ONU (2004), junto con otros factores
políticos, sociales y económicos, la situación del medio
ambiente en Haití le coloca entre los países más vulnerables
de todo el planeta frente a los desastres naturales y el
cambio climático.
Se dice que a lo largo de todo el siglo XX, aquel país
sufrió un total de 16 huracanes, 25 fuertes inundaciones, un
grave terremoto y siete sequías, en los que murieron más de
15 mil personas. En lo que va del nuevo siglo, solamente
durante los meses de mayo y junio del 2004, alrededor de 3
mil personas perdieron la vida en Haití a causa de las
graves inundaciones.
La ONU ha explicado esta desgracia como la consecuencia
lógica de la fuerte deforestación del territorio haitiano y,
también, por el consecuente éxodo de la población rural a
los centros urbanos (donde los asentamientos humanos crecen
en sitios de alto riesgo, como laderas de los ríos y tierras
bajas). Especialistas del Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA), han dicho que para Haití no
hay recuperación posible ni punto de retorno en cuanto a la
devastación de sus recursos naturales y de sus ecosistemas.

A pesar de que en 1995 fue creado el Ministerio de Medio
Ambiente haitiano, al día de hoy éste no cuenta ni con una
ley ni con un titular y sólo tiene asignado el 0.25% del
presupuesto nacional. De sobra está decir que en ese país no
hay ningún tipo de coordinación institucional en materia
ambiental ni de recursos naturales. La experiencia haitiana
nos deja la enseñanza de que un país que no cuida sus
bosques y sus recursos naturales, condena a su gente a la
más lamentable pobreza, exponiéndole además a sufrir los
embates de fenómenos naturales que, lamentablemente, hoy
cuentan ya por cientos de miles a sus víctimas.
Haití nos enseña que es necesaria la solidaridad entre los
pueblos para encarar el desastre y remontar la emergencia
ahí donde se dé, pero que esto no es suficiente. Después de
la importantísima ayuda que brindan las personas llevando
alimentos, medicinas y agua a los centros de acopio, tendrá
que venir la asistencia de los gobiernos de todo el mundo
para que Haití esté en la posibilidad de generar energía
limpia, revertir el profundo deterioro ambiental y –en lo
posible- poner de pie a su entrañable pueblo.▄