Decreta ONU
el 2010 como Año Internacional de la Diversidad Biológica
La Canciller alemana, Ángela Merkel, propone financiamiento
para la protección de ecosistemas amenazados y la formación
de una red mundial de espacios protegidos
En México se concentra el 11% de toda la diversidad
biológica del planeta y el 12% de su territorio son áreas
naturales protegidas
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
11 de enero de 2010

La Organización de las Naciones Unidas ha declarado al 2010
como el Año Internacional de la Diversidad Biológica, con la
finalidad de que hagamos conciencia y tomemos acción
respecto de la acelerada pérdida de especies vegetales y
animales en todo el planeta. Al año –y por causa de las
actividades humanas-, desaparecen más de 50 mil especies de
flora y fauna para siempre de la faz de la Tierra; es decir,
diariamente se extinguen 150 especies, muchas veces antes de
que incluso las podamos estudiar.
Entre las principales causas del empobrecimiento biológico
del planeta, se han identificado fenómenos como la
alteración y la destrucción de los hábitats; la
sobrexplotación de los recursos naturales (como los marinos,
forestales o hídricos); la contaminación del agua, el suelo
y el aire con residuos químicos diversos; el desbordado
crecimiento poblacional y, desde luego, el cambio climático.
Junto con Brasil, Colombia e Indonesia, México es un país
mega-diverso y ocupa el tercer lugar mundial en diversidad
de especies. En nuestro territorio habita más del 11 por
ciento de todas las especies que existen en el planeta.
Somos la nación con la mayor variedad de reptiles –por
encima de Australia, Indonesia, Brasil y la India-, y el
tipo de plantas, mamíferos, anfibios y aves que tenemos no
se encuentran tan fácilmente reunidas en ningún otro país.
Tan solo hablando de organismos vertebrados, alrededor de
900 especies son exclusivamente mexicanas (32%), lo que
representa una tercera parte del total de estos seres vivos
en toda Mesoamérica.

La diversidad biológica es pues la condición fundamental
para que la naturaleza nos brinde los bienes y servicios
ambientales que requerimos para sostener la vida (como agua,
suelo y aire de calidad, alimentos, energía y medicinas).
Conservar y proteger la riqueza biológica es sinónimo no
sólo de defensa del patrimonio natural nacional; es sobre
todo la garantía más sólida de que un pueblo esté saludable
y goce de una buena calidad de vida.
Hace unas horas (durante los actos oficiales de la ONU que
dan inicio a este Año Internacional de la Diversidad
Biológica), la canciller alemana, Ángela Merkel, señaló que
el cuidado de la biodiversidad es tan importante como la
lucha contra el cambio climático. Dijo que descuidar ambos
aspectos puede traer –como de hecho está sucediendo ya-
costos incalculables para toda la humanidad. Merkel subrayó
los impactos adversos de la pérdida de especies vivas sobre
la salud humana y, en consecuencia, ha hecho un llamado a
todas las naciones del mundo para que impulsen una
conciencia social sobre la importancia de la diversidad de
la vida en todo el planeta.
Llaman mi atención dos propuestas planteadas por la
dirigente alemana: uno, el ofrecimiento de ayuda financiera
para la protección de ecosistemas amenazados, y; dos, la
propuesta para crear la red mundial de espacios protegidos.
Me parece que México, que tiene el 12 por ciento de su
territorio bajo el régimen de áreas naturales protegidas, es
un estupendo candidato para demostrar al mundo que es
posible conciliar el desarrollo económico y social, con la
preservación de la diversidad biológica de su territorio.

La educación ambiental y la formación de una conciencia
social de respeto a la diversidad, será la base que dé
viabilidad a los esfuerzos que hagamos por mantener viva
nuestra riqueza natural. Ésta, es una tarea que debe
preocuparnos y ocuparnos a todos, pues verdaderamente
estamos jugándonos nuestra existencia como colectividad y
como individuos.
Me parece que un buen principio sería evitar y renunciar a
la difusión pública o privada de discursos supuestamente
universalistas, en los que se pretenda decretar lo que es o
no “normal” de nuestra propia naturaleza. Respetar a quien
es o a lo que es diferente a uno mismo es, como lo establece
la ley en nuestro país, un principio fundamental para
proteger la vida.▄