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Destrucción de bosques implica elevados costos económicos, sociales y ambientales  

 

Programas de reforestación y recuperación de suelos deben contemplar el combate y desarticulación de mafias de talamontes y otros grupos criminales

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 4 de enero de 2010

 

La Comisión Nacional Forestal (Conafor), organismo público descentralizado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, inició desde el año pasado trabajos de restauración de suelos y de reforestación de bosques en 14 municipios del Estado de México y Michoacán en los que se ubica el corazón del Sistema Cutzamala. Se trata de una superficie de alrededor de 64 mil hectáreas en la que, durante cinco años de trabajo conjunto entre autoridades y comunidades locales, se buscará devolver la salud a la cuenca hidrológica que alimenta –entre otros cuerpos de agua- a las siete presas del sistema.

De acuerdo con la información oficial, se estima que la inversión total en este proyecto (administrado por Proárbol) rebase los dos mil millones de pesos; pero –desde luego- los costos de la irracional deforestación que durante décadas se ha venido haciendo de los bosques de esta zona del país, son mucho mayores y todavía incuantificables.

Una de las consecuencias más palpables para la población del Estado de México y del Distrito Federal de la pérdida de los bosques, es la disminución en la disponibilidad de agua y el consecuente encarecimiento del acceso a este recurso. Pero, también, en la Ciudad de México se presentan fenómenos derivados de la deforestación y la sobreexplotación de las reservas de agua subterránea, como la aparición repentina de grietas en zonas urbanas y habitacionales, o el hundimiento de hasta 35 centímetros por año en importantes extensiones de la capital.

El deterioro de la calidad del aire en el Valle de México es, también, otro costo que estamos pagando los habitantes del altiplano por la destrucción de los bosques. Si bien las políticas públicas destinadas a controlar las emisiones contaminantes del parque vehicular trajeron resultados positivos durante dos décadas, hoy comenzamos a ver una disminución de su efectividad principalmente por el descuido de su parte verde (es decir, la protección y el cuidado del suelo de conservación).

La deforestación de los bosques para convertir sus tierras, primero, en áreas de cultivo y, después, en zonas habitacionales, es una práctica que no ha sido combatida con la firmeza que se requiere; por el contrario, continúa siendo una irresponsable manera de hacerse de clientelas políticas, lucrando con la necesidad de vivienda de muchas familias o, en muchos casos, enarbolando un reparto agrario que a todas luces ha sido improductivo y ambientalmente insostenible.

Los bosques (correctamente nombrados “fábricas de agua”) también son víctimas de la corrupción de autoridades públicas, de intereses particulares inescrupulosos y del avance irrefrenable del crimen organizado en todo el país. En un espléndido artículo publicado el día de hoy en el diario Reforma, el maestro Iván Restrepo da cuenta de cómo –a pesar de las promesas hechas y de los compromisos públicos asumidos por las más altas autoridades del país- las mafias de talamontes, coludidas con autoridades de los tres órdenes de gobierno, están destruyendo y llevando a la agonía a las Lagunas de Zempoala. Éste, por desgracia, es sólo un ejemplo de un patrón que se repite en todo el territorio nacional.

Es de festejar la ejecución de programas como el que operan la Conafor y Proárbol en la cuenca hidrológica del Cutzamala, pues implica el reconocimiento del vínculo indisoluble entre la salud de los bosques y la disponibilidad de agua, entre la conservación y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Sin embargo, me parece lamentable que la inversión de tan cuantiosos recursos públicos no contemple –hasta donde se puede leer- el combate y la desarticulación de prácticas y grupos criminales que atentan contra los bosques.

Como habitantes de este país tenemos derecho a un medio ambiente adecuado para nuestro desarrollo y bienestar (artículo 4° constitucional). Exijamos el ejercicio pleno de este derecho denunciando a quienes atenten contra los hoy muy vulnerados recursos naturales de nuestro país.

 

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