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En Copenhague, debilitamiento de la ONU como mecanismo de negociación para el cambio climático 

 

Reducciones "voluntarias" propiciarán elevación de hasta 3 grados centígrados en la temperatura del planeta

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 7 de diciembre de 2009

 

El viernes pasado concluyó la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague y, en el ánimo general, se percibe como un rotundo fracaso que condenará inexorablemente a la humanidad a un mayúsculo desastre ambiental. Las dos semanas de intensas reuniones de trabajo que sostuvieron los 193 países ahí reunidos, concluyeron no sólo sin compromisos en materia de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino –sobre todo- con un lamentable debilitamiento de este mecanismo de negociaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En una reunión a puerta cerrada, muy al estilo de las reuniones de la Organización Mundial del Comercio (donde todo se decide a puerta cerrada) y en la que sólo estuvieron presentes unas 35 personas, los Estados Unidos y China impusieron un acuerdo final al resto del mundo. En éste, se estableció que –para el año 2020- los países desarrollados buscarán reducir sus emisiones a la atmósfera en un 17%; algo muy alejado del 25 o 40% recomendado por los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

 

 

Pero además, esta reducción se hará de manera “voluntaria” y no se plantea como un compromiso vinculante u obligatorio para ningún país, y mucho menos como una meta sujeta a la verificación de las Naciones Unidas. En este acuerdo tampoco aparece la obligación de los países desarrollados de reducir, para el año 2050, en 50% sus emisiones con base a las del año 1990.

En el caso de los países en desarrollo (como México), el acuerdo determina que éstos fijarán sus propias metas en materia de reducción de emisiones, así como los mecanismos para su declaración y verificación. Sólo en el caso de las acciones que sean financiadas con recursos externos, habrá consultas y análisis internacionales que, se dice, garanticen el respeto a la soberanía nacional.

Tanto la Unión Europea como la ONU reconocen que, con las ofertas “voluntarias” de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, es prácticamente imposible limitar a dos grados la elevación de la temperatura en el planeta. Por el contrario, los científicos señalan que la temperatura subirá alrededor de tres grados centígrados y, consecuentemente, los impactos climáticos afectarán en diferentes escalas y principalmente a los países más pobres y vulnerables.

Aunque pálidos y muy limitados, también se destacan algunos avances de la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague. Ha quedado sentado que el cambio climático es uno de los grandes retos de nuestros tiempos; que la temperatura no debe elevarse más allá de los dos grados centígrados y que es urgente una disminución radical de las emisiones de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero.

Por otra parte, se ha aprobado la creación de un fondo del clima (o fondo verde, como lo propuso México), que dará financiamiento a países en desarrollo para que –entre otras cosas- no talen y conserven sus bosques y selvas. 

Si como se ha anunciado, el próximo año nuestro país será la sede de la siguiente reunión mundial sobre cambio climático, los mexicanos no sólo tendremos la oportunidad sino el compromiso de mostrar al mundo que sí es posible llevar a cabo acciones, desde la colectividad y desde el gobierno, que reduzcan el deterioro ambiental.

Comencemos a generar cambios, pequeños o grandes, en nuestros hábitos de consumo y en el uso de la energía: en la forma en que usamos la luz en casa, en cómo usamos el transporte y en todas las actividades que tienen un impacto sobre el medio ambiente. Ante el fracaso de las elites que hoy conducen los destinos de la humanidad, creo que es tiempo de que la sociedad organizada reconozca su capacidad de actuar y asuma su compromiso con el futuro. 

 

Claves del pacto

- EMISIONES. Los países "subrayan que el cambio climático es uno de los grandes retos de nuestro tiempo" y que hay actuar para "estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que prevenga una interferencia antropogénica con el clima (...) por lo que el aumento en la temperatura global debería estar por debajo de dos grados centígrados". Para ello se comprometen a "cooperar para conseguir que las emisiones nacionales toquen techo lo antes posible".

El acuerdo no incluye la concentración de CO2 necesaria -450 partes por millón- para ese objetivo, ni el año del máximo de emisiones, entre 2015 y 2020, según el IPCC, ni la necesidad de que las emisiones en 2050 sean la mitad que en 1990.

- PLANES NACIONALES. Los países desarrollados "se comprometen a presentar objetivos de reducción de emisiones antes del 1 de febrero de 2010". "Estas reducciones y la financiación a los países en desarrollo serán declaradas, medidas y verificadas" por la ONU.

Los países en desarrollo podrán "implantar medidas de mitigación" de emisiones que comunicarán antes de febrero de 2010.

Estas acciones serán objeto de "declaración, medida y verificación nacional" y cada dos años informarán a la ONU y habrá un sistema "internacional de consulta y análisis bajo guías claramente definidas que aseguren que se respeta su soberanía nacional". Las acciones financiadas con dinero internacional estarán sujetas a la supervisión normal de la ONU.

- "Los países menos desarrollados y las pequeñas islas podrán realizar acciones voluntarias si reciben apoyo".

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