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Necesario que haya transparencia en el destino de los ahorros generados por el Horario de Verano

 

A lo largo de 14 años, ha sido una política pública exitosa por la magnitud de la participación ciudadana que convoca

Su funcionalidad ha sido certificada por instituciones especializadas, académicas, empresariales y sociales del país

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 26 de octubre de 2009

 

Este fin de semana concluyó el Horario de Verano en México y, con esto, se cierra un ciclo de lo que en mi opinión es un estupendo ejemplo de la acción colectiva operando en favor del bienestar comunitario. Sin estar exenta de controversia u oposición, la implantación del Horario de Verano ha sido una política pública acogida por todos los habitantes y sectores del país y, de manera tangible, ha arrojado ya algunos de los beneficios esperados en los ámbitos económico y ambiental[1].

Al reducir en una hora el consumo diario de electricidad en más de 27 millones de hogares, el Horario de Verano ha permitido –desde su implantación en el año de 1996- un mejor aprovechamiento de las plantas generadoras de toda la república. De acuerdo con las cifras oficiales, durante estos 14 años de aplicación del Horario de Verano ha habido un abatimiento importante en el consumo de electricidad (16,072 millones de KWh), ahorro en el uso de combustible fósil (36.44 millones de barriles de petróleo) y una reducción del orden de 22 millones de toneladas de dióxido de carbono emitido a la atmósfera.

Desde 1996 a la fecha, con el Horario de Verano el país ha ahorrado una cantidad de energía eléctrica igual a la que consume el estado de Nuevo León durante todo un año (o Baja California, Hidalgo, Quintana Roo y Yucatán en su conjunto). Cifras preliminares apuntan que el Horario de Verano en 2009 permitió un ahorro energético equivalente al consumo que hacen, de manera individual, Campeche, Nayarit o Colima (1,300 millones de KWh). O, en otras palabras, el ahorro corresponde a la electricidad que consumimos los 28.2 millones de hogares del todo país durante un período de dieciocho semanas. 

Estos resultados y su soporte técnico han sido certificados por colegios de ingenieros, la UNAM, agrupaciones empresariales y civiles[2].  Desafortunadamente –y como pasa en muchos ámbitos de la vida nacional-, los beneficios económicos y ambientales obtenidos se diluyen a lo largo de la compleja trama social o simplemente no se difunden como lo que son: historias de éxito de políticas públicas en las que la activa participación ciudadana garantiza el positivo logro de las metas. 

Durante los cinco meses por venir, es decir, a lo largo del otoño y del invierno en el hemisferio norte, el consumo de energía eléctrica se incrementará notablemente en nuestro país. Tendremos días más cortos y, por tanto, nuestras necesidades de iluminación, entre otras más, demandarán de un mayor uso de electricidad. Por ello, las acciones de ahorro energético que seamos capaces de llevar a cabo durante esta época del año en nuestras casas, en escuelas y oficinas, fortalecerán nuestro esfuerzo colectivo (como lo es de hecho el Horario de Verano) por tener un medio ambiente más limpio y saludable.

Me parece que no sólo es deseable la difusión y el conocimiento público de los indicadores que demuestran el éxito que ha tenido, a lo largo de estos 14 años de su aplicación, el Horario de Verano; es imprescindible también transparentar hacia dónde están yendo las economías y cuáles son los beneficios económicos, sociales y ambientales de esta política pública.

Desafortunadamente, el conflicto político desatado a partir de la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, la oscuridad de su administración y la experiencia de su tan ineficiente desempeño, no abonan a una percepción pública objetiva sobre la situación real del sector eléctrico del país. Los desafíos del presente, y en especial el que nos plantea el cambio climático, exigen que los mexicanos demos orden y construyamos la plataforma energética que impulsará al país, en el mediano y largo plazos, hacia un desarrollo más sostenible.  

 

Foto: Paco Calderón


[1] Actualmente, más de 90 países aplican el Horario de Verano, tanto en el Hemisferio Norte como en los Trópicos y el Hemisferio Sur. Entre las naciones tropicales que se han sumado a esta medida, se encuentran Brasil, Cuba y Haití. Fuente:  Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (http://www.conae.gob.mx/wb/CONAE/CONA_236_horario_de_verano)

[2] Colegio de Ingenieros Mecánicos y Electricistas (CIME), la Federación de Colegios de Ingenieros Mecánicos y Electricistas de la Republica Mexicana (FECIME), la Asociación de Ingenieros Universitarios Mecánicos y Electricistas (AUIME) , el Consejo Nacional de Industriales Ecologistas (CONIECO), el Instituto de Ingeniería de la UNAM y la Asociación Mexicana de Empresas del Ramo de Instalaciones para la Construcción (AMERIC), entre otras.

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