Impostergable, la modernización administrativa y operacional
del sector eléctrico en México
La generación de energía eléctrica es responsable de casi
una cuarta parte de los gases de efecto invernadero que
genera el país
Universidades y centros de investigación en México disponen
del conocimiento y la tecnología para potenciar fuentes
limpias de energía; sólo es necesario canalizar suficientes
recursos financieros a estas instituciones
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
12 de octubre de 2009
Más allá de las justificaciones implícitas en la decisión
presidencial de este sábado al emitir un decreto mediante el
cual se desaparece a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro,
y cualquiera que sea el rumbo que tomen los acontecimientos
por la confrontación o la negociación entre los grupos de
poder, me resulta claro que hemos llegado a un punto límite
en el que no es posible ya continuar posponiendo la
modernización tecnológica de una de las actividades
productivas de mayor relevancia en México.
En términos ambientales, la generación de energía eléctrica
en México es responsable de casi una cuarta parte del total
de nuestras emisiones dióxido de carbono a la atmósfera,
principal gas precursor del calentamiento global. El
constante incremento en la demanda de electricidad para usos
industriales y comerciales, así como para cubrir las
necesidades del tipo habitacional, no sólo hace
impostergable la modernización administrativa y operacional
del sector, sino, sobre todo, obliga a canalizar nuevas y
cuantiosas inversiones para desarrollar tecnologías y
aprovechar fuentes energéticas limpias (como la eólica, la
solar, la geotérmica o la hidroeléctrica).

Nuestro país se ha comprometido a reducir –para el año 2050-
a la mitad sus gases de efecto invernadero, para lo que
además de emprender cambios tecnológicos de gran escala y
generar transformaciones sustanciales de su planta
productiva, deberá construir consensos en torno al
compromiso de trabajar por un mejor medio ambiente para
nuestro desarrollo y bienestar. En este sentido, hoy no
parece muy claro cómo se buscará lograrlo.
La buena noticia es que, en México, existe la capacidad
científica y tecnológica para desarrollar nuevas fuentes
generadoras de energía eléctrica. Y para muestra un botón.
Nada menos, la semana pasada, la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM) inauguró en su campus de Iztapalapa un
laboratorio de energía fotovoltaica que generará energía
suficiente para cubrir las necesidades de varios de sus
edificios.
Mediante el aprovechamiento de la energía solar, la
UAM-Iztapalapa reducirá el uso de petróleo, gas y carbón,
evitando con ello emitir más de 700 toneladas de dióxido de
carbono al año. Para éstas y otro tipo de aplicaciones (en
el transporte o en procesos industriales), existen
incontables propuestas de aprovechamiento de la energía
solar en el Instituto Politécnico Nacional, en la UNAM y en
muchas otras instituciones de investigación científica y
tecnológica del país. La ubicación geográfica de México en
una de las zonas de mayor radiación solar, es una enorme
ventaja competitiva que, desafortunadamente, no se está
aprovechando lo suficiente.
Pero, la mala noticia –como lo he venido observando a lo
largo de estas semanas en el caso de la inundación del Bordo
Poniente o el de la presunta contaminación con bacterias
fecales de la red de agua potable en la capital del país- es
que estamos optando por la construcción de soluciones
aisladas y cortoplacistas, por el disenso y por la
confrontación. Y, desafortunadamente, mientras unos
defienden sus privilegios o lo que consideran sus legítimos
derechos, las oportunidades de un mejor medio ambiente se
diluyen y se suprimen.
Desde hace 17 años, en la declaración de la Cumbre de la
Tierra o de Río + 5, los países ahí reunidos reconocieron
que para lograr el desarrollo sostenible es necesaria una
vigorosa participación de la población y, desde luego, el
acceso efectivo a la información pública. Sólo así
lograremos un legítimo compromiso y concretar acciones
afirmativas en favor del medio ambiente en todo el planeta.
Yo llamo a nuestros radioescuchas a no permanecer como
simples espectadores de los acontecimientos que hoy nos
afectan a todos. Hagamos uso del derecho a la información,
utilicemos los mecanismos de participación ciudadana
disponibles y, en la concordia y el consenso, procuremos un
México más justo y saludable.
