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En este mismo espacio –pero hace dos semanas-
reflexionábamos juntos sobre las consecuencias
que están teniendo ya en el medio ambiente y en
la salud de los habitantes del Valle de México,
la inacción y las estériles confrontaciones
políticas y mediáticas entre los administradores
públicos locales y federales. En esa ocasión,
señalábamos los peligros ecológicos, de
contaminación y de salud pública implicados en
el desbordamiento del relleno sanitario del
Bordo Poniente.
Nuevamente, desde el jueves pasado y a partir de
las declaraciones confrontadas entre organismos
federales y locales, nos enteramos que subsiste
otro grave peligro ambiental en la ciudad
capital de la república: la contaminación
bacteriológica de la red de distribución de agua
potable. Con base en los resultados obtenidos en
nueve, de un total de 187 muestras para
determinar la calidad del agua en las
delegaciones Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta,
la Comisión Federal para la Protección contra
Riesgos Sanitarios (Cofepris) determinó la
existencia de bacterias de origen fecal en el
agua de estas demarcaciones.
Adicionalmente, la Cofepris dijo haber
encontrado concentraciones de cloro por debajo
de la normatividad (el
cloro residual libre –CRL- en agua potable debe
ser de 0.2 a 1.5 miligramos por litro),
hecho que reduce sensiblemente la potabilidad
del vital líquido. “Estos resultados –declaró el
organismo de la Secretaría de Salud- representan
un riesgo alto para la salud de los habitantes
de estas zonas”.
Esa misma tarde, y a unas cuantas horas de haber
asumido sus cargos, los jefes delegacionales en
Tláhuac y Xochimilco calificaron de
“irresponsable y tardío” el informe de la
Cofefpris y negaron rotundamente que el agua
esté contaminada. Por su parte, el Sistema de
Aguas de la Ciudad de México (SACM) cuestionó la
metodología con la que se llegó a esa conclusión
y negó que exista contaminación, pues el
organismo local analiza un promedio de 2 mil 700
muestras del líquido al mes.
Finalmente, y sin duda que en beneficio de
quienes vivimos en el Valle de México, ambos
organismos acordaron dejar a un lado la
confrontación y permitir que un tercero
determine si el agua en estas delegaciones está
o no contaminada con bacterias de origen fecal.
Seguramente, a lo largo de esta semana sabremos
del acuerdo que se tome en la materia.
Nuevamente, como en el caso del manejo de la
basura en la Ciudad de México, me parece
lamentable que, por motivos de orden político,
las administraciones públicas hayan venido
postergado durante años la construcción de
soluciones al problema del agua. En la opinión
de investigadores de los Institutos de
Ingeniería y de Geografía, de la Universidad
Nacional Autónoma de México, los problemas de la
red de distribución de agua potable en el Valle
de México son mucho más graves que esto; el
monitoreo de la calidad del agua no se realiza
con metodologías confiables (como sí se hace,
por ejemplo, con la calidad del aire), y
mientras tanto ya se ha documentado la presencia
de otro tipo de contaminantes en el agua (como
arsénico, cromo y manganeso) que son sustancias
potencialmente tóxicas y dañinas para el sistema
neurológico, la piel y otros órganos del cuerpo
humano.
Creo que es urgente abordar ya, como lo han
señalado durante muchos años los expertos, la
problemática integral del agua en el Valle de
México y, desde luego, en todo el país. Adoptar
un sistema de monitoreo de la calidad del agua
semejante al que usamos para determinar la
calidad del aire, sería un buen principio para
coordinar esfuerzos no sólo entre los tres
órdenes de gobierno, sino con la población de la
Ciudad de México.
Mientras esto no suceda, es recomendable que en
casa tomemos nuestras precauciones con el agua
que bebemos o con la que preparamos los
alimentos. Existen en el mercado métodos
sencillos y baratos para purificar el agua, con
dióxido de cloro o mediante la ozonización.
Pero, desde luego, es imperativo que exijamos a
nuestros representantes y a las autoridades
abordar decididamente el problema de la calidad
del agua en todo el país.

Canales de Xochimilco |