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Urgente construir una nueva visión de la actividad turística en México

 

La concentración de la oferta en polos de desarrollo ha traído problemas de disponibilidad de agua, generación y manejo inadecuado de residuos, y contaminación ambiental

Los atractivos naturales de los centros turísticos, el elemento más vulnerable en esta ecuación del desarrollo de la actividad

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 7 de septiembre de 2009.

 

En estos días, hemos sabido de la intención del Gobierno Federal de extraer alrededor de seis millones de metros cúbicos de arena del norte de la isla de Cozumel, para rellenar con ésta cerca de 15 kilómetros de playas de Cancún y Playa del Carmen que han sido afectadas por los huracanes de los últimos años en el Mar Caribe.

 El proyecto –que podría significar una inversión de hasta mil millones de pesos- no sólo ha sido rechazado por la comunidad cozumeleña que, entre otras cosas, argumenta afectaciones al santuario del caracol rosado y de la langosta espinosa, además de la destrucción de una barrera natural para los huracanes; también, ha sido objetado por científicos con probado conocimiento y reconocimiento en la materia (como el Dr. José Sarukhán y la maestra Julia Carabias).

La Secretaría de Turismo ha manifestado su voluntad de que el proyecto se lleve a cabo y, por su parte, cientos de isleños aseguran que recurrirán incluso a la fuerza para evitar que esto suceda. Organizaciones civiles de Cancún (como la CROC, que ostenta representar al más de millón y medio de personas que dependen del turismo), y ante la grave caída del empleo en la región, presionan al gobierno a tomar decisiones drásticas, como lo es incluso rellenar playas con toneladas de arena extraída de la isla de Cozumel.

Presenciamos hoy en la Riviera Maya las consecuencias económicas, ambientales y sociales de un modelo de desarrollo turístico a todas luces insostenible. Y es que resulta que justamente aquello que detona la aparición de un polo de desarrollo turístico, sus atractivos naturales, termina por transformarse en el elemento más vulnerable y sobreexplotado bajo esta ecuación.  Todo parece indicar que pronto veremos en Cancún y Playa del Carmen millonarias inversiones públicas cimentadas en la arena, arena que –lo hemos visto ya- termina por llevarse el mar.

Cancún fue el primogénito del llamado modelo de desarrollo de polos turísticos “integralmente planeados” –inaugurado en los inicios de los años setenta- y, como tal, no sólo es heredero de una visión esquemática del crecimiento económico y social, sino también de sus crónicos impactos ambientales, políticos y culturales. Posiblemente, el más reciente polo de este modelo, las Bahías de Huatulco, en el estado de Oaxaca, se haya perfilado como un desarrollo más consciente, por así decirlo, del cuidado de los recursos naturales y paisajísticos del lugar. Sin embargo, nuevamente la excesiva concentración de oferta de servicios turísticos en un solo punto del territorio, genera ya fenómenos como la escasez de agua, destrucción del paisaje y contaminación por el inadecuado manejo de residuos municipales.

Yo no sé si sería deseable o no que la Secretaría de Turismo –como se ha venido asegurando- debiera desaparecer o no; lo que sí me parece que es urgente, es un cambio radical en la visión del turismo como impulsor del desarrollo sostenible. Nuestro país cuenta con incontables atractivos para ofertar al mundo. Si bajo el esquema de promocionar y desarrollar la actividad en unos cuantos destinos de playa y ciudades, el turismo aporta entre el seis y el ocho por ciento del Producto Interno Bruto, cuánto más estaría generando una infraestructura y, consecuentemente, un flujo más diversificado de turistas en tantas otras y bellas regiones del país.     

Con todo respeto para quienes dicen tener sustento científico y aseguran que la extracción de 6 millones de metros cúbicos de arena de la isla de Cozumel no tendrá consecuencias en el medio ambiente, a mi francamente me parece que mil millones de pesos es demasiado dinero para construir castillos de naipes sobre las vías del tren.

Ocho de cada diez viajeros a los principales polos turísticos somos mexicanos. En nuestras manos está convidar al desarrollo de esta actividad a nuevos, variados y espectaculares destinos; pero –sobre todo- en nosotros está impulsar y conservar los atractivos naturales y patrimoniales que existen a lo largo y ancho del país.

 

Cancún desde Isla Mujeres

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