Inicia el V Foro Mundial
del Agua en Estambul, Turquía
Tres años después
de la realización del IV Foro Mundial del Agua en México, el
país ha duplicado los recursos presupuestales en materia
hídrica
Sin una
percepción social de la magnitud del problema, difícilmente
se transformarán los actuales patrones de consumo que
favorecen el dispendio y el desperdicio
Antena Radio / Edición
vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?,
con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
16 de marzo de 2009.
A partir de hoy y hasta el próximo domingo 22 de marzo, se
lleva a cabo –en la ciudad de Estambul, en Turquía- el
Quinto Foro Mundial del Agua. Bajo el lema “Conciliar las
divisiones por el agua”, alrededor de 23 mil personas de
192 países del planeta, buscarán dar respuesta a la escasez
de este recurso por el crecimiento de la población, el
derroche, el consumo inadecuado y el
aumento en la demanda de energía.
La reunión –que convoca a representantes de gobiernos,
organizaciones de la sociedad civil, científicos,
empresarios y activistas de todo el mundo- busca incrementar
la importancia del agua en la agenda política, así como
respaldar los debates que lleven a solucionar problemas
relacionados con el agua en el siglo XXI. En Estambul se
formularán propuestas concretas que se darán a conocer a
nivel mundial, lo que finalmente, debiera obtener el
compromiso político de todas las naciones.
Hace tres años, en la Ciudad de México, se llevó a cabo el
IV Foro Mundial del Agua, y algunas de las conclusiones
alcanzadas aquí fueron contundentes y perfilaban la gravedad
del que hoy es –en mi opinión- el problema ambiental más
urgente que enfrenta la humanidad. Se reconoció que la falta
de acceso al agua y al saneamiento es causa de pobreza y
enfermedad, y que no reconocerle como un derecho humano
obstaculiza las oportunidades económicas y la estabilidad
política; también, se advirtió que la afectación de los
ecosistemas y el cambio climático están agudizando los
problemas en torno al agua en prácticamente todo el mundo.
Tres años después, México ha
duplicado los recursos presupuestales en materia hídrica.
Y es que en el tema del agua las cifras son más que
elocuentes: de cada diez habitantes del planeta Tierra (6,
500 millones), dos (1, 600 millones) no tienen hoy acceso ni
al agua de calidad ni a los servicios de abastecimiento
adecuados. Peor aún: para
el año 2017, dice la ONU, cerca de 70% de la población
global tendrá problemas para acceder a agua dulce. Y para
2025, aproximadamente 40% de la población vivirá en regiones
donde escaseará el líquido.
Y todo esto, a pesar de los Objetivos del Milenio de
la ONU, que establecían que para el año 2015 debía
reducirse, cuando menos a la mitad, la cantidad de población
con insuficiente e inadecuado acceso al agua. Por el
contrario, las peores tendencias se están agudizando.
Si bien casi dos terceras partes de nuestro planeta están
conformadas por agua, sólo un 2.5 por ciento es agua dulce y
únicamente el 0.3 por ciento es accesible al consumo humano
y animal. Hablando del dispendio, las actividades agrícolas
consumen, en promedio, más del 70 por ciento del agua de la
que disponemos, fundamentalmente por inadecuados y poco
tecnificados métodos de riego; le siguen en importancia el
suministro de agua a centros urbanos, los usos industriales
y la generación de energía.
Muy seguramente las conclusiones que se alcancen en el V
Foro Mundial del Agua –que inició hoy en Estambul-, serán
tema noticioso, materia de reflexión pública y, en el mejor
de los casos, motivo para diseñar políticas, estrategias y
campañas de sensibilización. Ojalá así sea. Creo que sólo
hasta que exista una percepción social de la verdadera
magnitud del problema del acceso y la disponibilidad del
agua, estaremos en posibilidades de comenzar a transformar
hábitos de consumo.
Y aunque a veces no lo parezca, cada uno de nosotros puede
contribuir enormemente a la solución del problema:
detectemos, reportemos y reparemos fugas en las tuberías de
nuestra casa, sitio de trabajo o en la calle; usemos
inteligentemente y con moderación el agua en el baño, en la
limpieza personal, en el aseo de la casa, de la ropa o en el
riego de plantas y jardines; conservemos saludables nuestros
bosques y selvas, pues éstos son verdaderas fábricas de
agua; y –como siempre lo subrayo- mantengámonos informados y
adoptemos prácticas amables para el aprovechamiento de
nuestros recursos naturales y del medio ambiente.
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