Erosión del suelo en México empobrece la calidad de la alimentación de la población

El 97% de los suelos en México tienen algún grado de erosión, por fenómenos como la deforestación, la agricultura intensiva o la urbanización, entre otros

Destrucción de ecosistemas afecta la relación de los individuos de una sola especie y de ésta con otras especies

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 16 de febrero de 2009.

 

Resulta muy alentador cuando uno escucha hablar a cualquier persona sobre la importancia de proteger la biodiversidad de nuestro amado México. Sobre todo, sabiendo que de las aproximadamente 2 millones de especies vivas conocidas y estudiadas en 200 naciones del mundo, entre el 10 y el 12 por ciento de ellas son orgullosamente mexicanas (es decir más de 200 mil especies). México se ubica entre los 12 países llamados “megadiversos” (Australia, Brasil, China, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, India, Indonesia, Madagascar, México, Perú y República del Congo); pero ¿realmente entendemos el grave compromiso y la responsabilidad que tenemos cada mexicano de proteger y conservar la diversidad biológica del país en beneficio de todo el planeta y de la humanidad?

Desafortunadamente, muchos piensan en esta riqueza natural como si se tratara de fríos números de un inventario de plantas, animales e insectos, disponibles y depositados en un gran almacén llamado México. Ignoramos con facilidad la diversidad y la fragilidad de los vínculos que existen entre individuos de una misma especie, la relación entre las distintas especies y su compleja interacción con los ecosistemas y el medio ambiente. Consecuentemente, no valoramos ni respetamos a la vida en sus infinitas manifestaciones y, por el contrario, parecemos estar empeñados en destruirle.

Veamos: ¿qué pensaría usted si le digo que la mayor parte de las células de su cuerpo no son humanas? Al interior de su boca o de la mía existen alrededor de 700 diferentes especies de bacterias, cuyas incontables familias están especializadas en combatir y evitar la entrada de agentes patógenos y de enfermedades a nuestro organismo. También, la mayoría de las bacterias hospedadas en nuestro aparato digestivo son fundamentales para el metabolismo y el aprovechamiento de los alimentos. Aunque invisible, esta colectividad de organismos del reino microscópico –que vive en el suelo y en otras partes- es vital para que podamos continuar viviendo.

Pongámoslo de la siguiente manera. En una tonelada de suelo fértil vive un estimado de 4 millones de diferentes especies de bacterias y en un solo gramo de tierra hay 10 mil millones de organismos microscópicos agrupados en familias. A través de los vegetales, del aire y del agua, los seres humanos nos hacemos de estos imprescindibles compañeros que con su trabajo nos permiten estar vivos y saludables. A pesar de esto, en México cerca del 97 por ciento de los suelos padecen algún grado de erosión por fenómenos como la deforestación, la agricultura intensiva, el uso de fertilizantes y pesticidas, o simplemente por la urbanización o la contaminación. Ello se traduce en un empobrecimiento de la riqueza del suelo, en el deterioro de la flora y la fauna y, en última instancia, en el consecuente deterioro de la salud de la población humana.

Es un orgullo decir que México es la casa del 11 por ciento de todas las especies que habitan el planeta, o que tan sólo en el Valle de México está presente el dos por ciento de toda la diversidad biológica del mundo. Sin embargo, al paso que vamos contaminando nuestros mares y lagos, destruyendo bosques y las selvas, y –en general- reproduciendo inadecuados hábitos de consumo, muy seguramente en un plazo no muy largo veremos empobrecer nuestros paisajes, reducir la diversidad de plantas y animales y, sobre todo, presenciaremos un nada deseable aumento del deterioro de la salud de los mexicanos.

En nuestras manos están las soluciones y muchas de estas podemos implementarlas desde nuestras casas.

·        Evitemos el uso de productos químicos agresivos (como corrosivos, aceites e insecticidas) que contaminan el aire, el suelo y el agua. Siempre hay soluciones naturales que no agreden al medio ambiente (como –por ejemplo- usar soluciones con ajo y cebolla para combatir plagas en plantas, en lugar de químicos plaguicidas).

·        Protejamos las áreas verdes y cuidémosles de la erosión fabricando y aplicando composta a partir de los residuos orgánicos.

Pero sobre todo, informémonos y entendamos las múltiples formas en que se relacionan los seres vivos entre sí y con el medio ambiente.

 

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