Cuatro de cada diez litros del agua consumida en el DF, son llevados a un alto costo desde el Estado de México 

La misma cantidad es perdida en fugas de la red y en los domicilios de la capital mexicana

Las ocho presas del Sistema Cutzamala están al 50% de su capacidad original

Necesario construir una cultura del uso racional del líquido, para no deteriorar la calidad de vida de los mexicanos

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 19 de enero de 2009.

 

Por si usted no se ha enterado, los días sábado 31 de enero, lunes primero y martes 2 de febrero, se llevará a cabo el primero de tres importantes recortes en el suministro de agua potable en el Distrito Federal. Esto, debido a que la fuente que abastece casi una tercera parte del agua que consumimos en la Ciudad de México –el Sistema Cutzamala-, ha reducido su caudal de manera sustancial y hoy es prácticamente la mitad de lo que había disponible en 1982 (año en que inició su operación).

Para que lo entendamos mejor: alrededor de cuatro de cada diez litros del agua que consumimos los capitalinos, provienen de los ríos Cutzamala y Lerma, en el Estado de México (tres litros del Cutzamala y uno del Lerma). Los otros seis litros los extraemos del subsuelo mediante pozos o los tomamos de los ya pocos ríos superficiales que existen en el Valle de México. A través de un complejo sistema de ocho presas, tuberías, plantas potabilizadoras, bombas y redes de distribución, traemos el agua al Distrito Federal de aproximadamente 130 kilómetros de distancia, subiéndola –además- a más de 1,100 metros de altura desde su lugar de origen. La energía eléctrica utilizada para lograr bombear el agua desde el Estado de México y hasta el DF, es la equivalente a la que consume la ciudad de Puebla.

Y al final, esta agua que a tan altos costos traemos desde la sierra del Pacífico –más la que extraemos del subsuelo del Valle de México a través de 425 pozos-, la devolvemos contaminada y prácticamente en su totalidad a la cuenca del Golfo de México a través de los ríos Tula, Moctezuma y Pánuco.

Científicos y autoridades gubernamentales coinciden hoy en que la frecuencia de las lluvias, la humedad y la cantidad de agua presente en la cuenca del Cutzamala han reducido dramáticamente. Esto, debido a la deforestación de extensas zonas boscosas en la sierra del Pacífico mexicano -en los estados de Guerrero, Michoacán y el Estado de México-, así como por los cambios de uso del suelo y la explosiva urbanización en municipios como Valle de Bravo, Ixtapan de la Sal, Avándaro y Amanalco, entre otros. Hoy, las presas del sistema Cutzamala están prácticamente a la mitad de su capacidad.

La histórica voracidad del consumo de agua en el Distrito Federal explica, en mucho, la pobreza de decenas de comunidades rurales en el Estado de México (cuya producción agrícola es, por cierto, básicamente de temporal). Ojalá usted, apreciable radioescucha, haya escuchado hablar del pueblo mazahua y, sobre todo, de la lucha que sus mujeres emprendieron por el derecho al acceso al agua desde el año 2004. Y más aún, resulta ofensivo el hecho –plenamente reconocido por las autoridades públicas- de que en la Ciudad de México cerca del 40% del agua potable se pierde en fugas (principalmente en los hogares); es decir, la misma cantidad de agua que estamos trayendo al DF a costos tan elevados para todo el país, se va hoy por el caño.

 Probablemente, la gran mayoría de los capitalinos no percibiremos la reducción del suministro de agua del próximo fin de semana (pues es un puente vacacional y muchos salen de la ciudad durante esos días), y al normalizarse la situación continuaremos con nuestro cotidiano dispendio del vital líquido. Sin embargo, muy pronto –quienes aquí vivimos- tendremos que comenzar a reconocer la gravedad del problema, a tomar medidas emergentes y a cambiar radicalmente nuestros hábitos en el consumo del agua.

Para revertir el avanzado deterioro y, desde nuestras casas, proteger este recurso natural no renovable y a los frágiles y cada día más dañados ecosistemas del país, podemos llevar a cabo acciones muy simples: revisar que no haya fugas en las instalaciones en casa, particularmente en el tanque del escusado; tomar baños de menos de 10 minutos y colocar una cubeta debajo de la regadera, para recolectar y reutilizar el agua que se pierde mientras se calienta; usar la lavadora con cargas completas y con el agua residual lavar pisos; lavarse los dientes con un vaso de agua; colocar dispositivos ahorradores en la regadera y grifos; no usar el escusado como basurero; lavar el auto con una sola cubeta de agua o regar el jardín de noche para reducir la evaporación. En fin, sólo informándonos sobre las formas correctas de utilizar el agua podremos construir una cultura que no atente –como sucede hoy- en contra de nuestra calidad de vida. 

 

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