El Ajusco casi completamente deforestado, contaminado, urbanizado y privatizado

Las autoridades ambientales del DF tienen que rendir cuentas de sus pocos o muchos resultados, en materia de protección del suelo de conservación

El 2009 es año electoral y, por experiencia, sabemos que en estos períodos aumentan las invasiones al suelo de conservación

 

Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 5 de enero de 2009.

 

Con motivo de una investigación sobre la producción azucarera en el Estado de México, desde hace algunos días estoy instalado en el encantador pueblo de Malinalco. Una de las rutas más sencillas para llegar hasta acá, es por la carretera panorámica del Ajusco y luego su desviación hacia territorio mexiquense, justo en la cumbre. Debo confesar que tenía más de diez o quince años sin pasar por esa zona del Distrito Federal, y en verdad me sorprendió constatar que lo que alguna vez fue una de las zonas boscosas más hermosas a la que teníamos acceso los citadinos, hoy está casi en su totalidad urbanizada, visiblemente contaminada, salvajemente deforestada y privatizada.

El Parque Nacional Cumbres del Ajusco se ha transformado radicalmente con la aparición de complejos habitacionales de nivel medio-alto y colonias populares con muy deficientes servicios públicos –en el Ajusco medio-, así como con lujosos ranchos, campos de “gotcha” y clubes hípicos que aparecieron en la parte alta.    

Ya hace diez años, las investigadoras de El Colegio de México, Martha Schteingart y Clara Salazar, nos advertían sobre la magnitud de la devastación: en 26 años (1971-1997), la urbanización del Ajusco medio avanzó en un 400 por ciento, ocupando más del 30 por ciento de la zona, perdiendo el 80 por ciento de las tierras de cultivo y viendo desaparecer el 30 por ciento de pastizales. Peor aún, se acabó con el 77 por ciento de los matorrales de senecio, originarios del Ajusco y únicos en el planeta; y más de la mitad de los bosques de encino y el 74% de los bosques mixtos del Ajusco dejaron de existir.

Por aquellas fechas -1997- fue emitida la primer Ley Ambiental del Distrito Federal (reformada algunos años después) y se clasificó como “suelo de conservación” a más de la mitad del territorio del Distrito Federal (fundamentalmente las zonas verdes de las delegaciones del sur y sur poniente de la capital). Esto se hizo con la finalidad de proteger jurídicamente a los bosques, las barrancas, humedales y zonas de recarga del acuífero que dan viabilidad ambiental a la ciudad. Se estableció que los únicos usos del suelo permitidos en esta parte del territorio del Distrito Federal, serían –entre otros- los forestales, agrícolas o ecoturísticos, y expresamente quedó prohibida su urbanización.  

Sin embargo, en los hechos esto no fue ni ha sido suficiente para detener el avance de la ciudad sobre sus bosques (un avance de más o menos una hectárea diaria). Hoy, ya existen alrededor de 800 asentamientos irregulares en las siete delegaciones con mayor cantidad de suelo de conservación, y donde viven más de 25 mil habitantes que demandan servicios en una extensión de alrededor de 3 mil 500 hectáreas que, antes, fueron áreas verdes. Entre otros impactos ambientales que, consecuentemente, están deteriorando la calidad de vida de todos quienes vivimos en el DF, se estima que por cada hectárea que se ha perdido de bosques, dejaron de captarse dos y medio millones de litros de agua al año. Haga usted sus cuentas.

Este año –el 2009- es un año electoral; por experiencia, sabemos que es en estos años cuando se ve un incremento de las invasiones y la pérdida significativa de importantes extensiones de suelo de conservación. Desafortunadamente, quienes lucran políticamente con la necesidad de vivienda de las personas o los que acaparan el patrimonio natural de la ciudad quebrantando la ley, no han encontrado en las autoridades ambientales de la ciudad un freno contundente a su vocación ecocida. La pérdida del Ajusco es más que elocuente.

Mi recomendación para este año es que pongamos más atención en las propuestas que en materia de política ambiental, nos hagan los aspirantes a ocupar los cargos de elección popular en la ciudad. Pero, también, que hagamos uso del derecho que tenemos para que las autoridades ambientales nos rindan cuentas de su actuación y de sus pocos o muchos resultados, en su tarea de proteger nuestro derecho constitucional a un medio ambiente adecuado para nuestra salud y bienestar. ▄

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón / Av. Revolución 595, San Pedro de los Pinos, México 03800, DF / (52) 55 98 92 53