México se compromete a reducir, para el 2050, la mitad de sus gases de efecto invernadero

Concluyó la Conferencia de la ONU sobre cambio climático en Polonia, con resultados que contrastan opiniones

El liderazgo de México deberá considerar no sólo las necesidades financieras y tecnológicas de la región, sino -sobre todo- la demanda social de una mejor calidad de vida y el acceso efectivo a los mínimos de bienestar

Noticiero Antena Radio / Sección Medio Ambiente, ¿Qué Puedo Hacer Yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 15 de diciembre de 2008

 

Como lo informamos en este espacio hace dos semanas, durante los días pasados se realizó en la ciudad de Poznan, Polonia, la 14 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas en Cambio Climático. En esta reunión –que convocó a representantes de alrededor de 192 naciones del planeta-, se discutieron algunos de los compromisos y las obligaciones que, en diciembre del 2009, deberán asumir los países ricos para frenar el calentamiento global de la Tierra. Si bien las conclusiones de la Conferencia han decepcionado a quienes esperaban acciones más contundentes, es cierto también que se están consolidando mecanismos e instrumentos pactados entre las naciones que buscan la reducción global de los gases de efecto invernadero.

Pudiéramos señalar como avances de esta reunión: la aprobación del llamado “Fondo de Adaptación”, integrado con recursos económicos que aportarán los países desarrollados para ayudar a las naciones pobres a hacer frente a los efectos del calentamiento global; también, destaca el hecho de que hubo acuerdo en concretar un pacto global para frenar la deforestación, y –finalmente-; que hubo el reconocimiento general de que las emisiones de gases de efecto invernadero deberán comenzar a reducir en 10 o, a lo mucho, 15 años.

Los países en desarrollo (como México, y que sólo de manera voluntaria asumen compromisos en materia de reducción de emisión de contaminantes), han manifestado ya su inconformidad por lo que consideran un reducido monto de recursos destinados al Fondo de Adaptación –de alrededor de 80 millones de dólares; esa cantidad es, sin duda alguna, insuficiente ante la magnitud de los daños que está generando el cambio climático en sus poblaciones, en sus territorios y en sus economías.

De igual forma, y ante el fortalecimiento del mercado de bonos de carbono, los países en vías de desarrollo han lamentado que no haya aún reglas precisas y diferenciadas en cuanto a las obligaciones que, en materia de emisión de gases de efecto invernadero, corresponden a los países desarrollados y a los no desarrollados. Y, desde luego, se reprocha el que durante la Conferencia tampoco fueron asumidos compromisos ni definidas directrices en materia de intercambio de tecnología “limpia” entre naciones ricas y pobres.

En este clima de polarización, el papel de México en la 14 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas en Cambio Climático, fue destacado y propositivo. Más allá de discutir las escasas aportaciones de los países del Primer Mundo al Fondo de Adaptación, México propuso –en voz de su Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales- la negociación, el establecimiento y el desarrollo de estrategias que fortalezcan la inversión en tecnologías “verdes” en los diferentes sectores productivos. Más aún, se suscribió el compromiso de México de reducir a la mitad, para el año 2050, sus emisiones totales de dióxido de carbono.

La experiencia de México en el tema ambiental y del cambio climático, le ha dado un liderazgo indiscutible en el marco de las discusiones internacionales y –después de Poznan- le perfila ya como un actor destacado para la integración de los países latinoamericanos en las negociaciones para revertir el cambio climático. Y es que México cuenta ya con un programa gubernamental en la materia, que evalúa el desempeño de los sectores productivos en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero, buscando identificar oportunidades y necesidades de inversión para transformar a la industria, al comercio y a los servicios en actividades menos contaminantes.

En mi opinión, y dadas las condiciones de inequidad social y de pobreza que prevalecen en el país y en gran parte del continente, México deberá promover –a partir del liderazgo que está ganando- no solamente el flujo de inversiones económicas o la transferencia de tecnologías ambientales; sino, sobre todo, privilegiar el diálogo y la negociación tanto al interior como hacia el exterior, pensando siempre en el mejoramiento sustancial de la calidad de vida y en garantizar los mínimos de bienestar para nuestros pueblos. ▄

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