Mayor fuerza destructiva de huracanes por el calentamiento global

En México, más de 400 presas deben ser revisadas por el cambio sustancial de los patrones hidrológicos y de asentamientos humanos; 300 mil personas asentadas en cauces de desfogue están en alto riesgo

Noticiero Antena Radio / Sección Medio Ambiente, ¿Qué Puedo Hacer Yo?, con el Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9 de FM y 1220 de AM, 15 de septiembre de 2008

 

Durante los meses de agosto y septiembre hemos venido presenciando –muchos de nosotros a través de los noticiarios, pero decenas de miles de personas en carne propia- los impactos devastadores que está dejando a su paso la actual temporada de huracanes. Las imágenes de la destrucción en los países caribeños, desde luego en México y en la costa atlántica de los Estados Unidos de Norteamérica, no dejan duda de que los cambios producidos en el clima por el fenómeno del calentamiento global ya están aquí y que , ojo, van en aumento.

A lo largo de estas semanas y por efectos de diversas depresiones tropicales –y de los huracanes Gustav, Hanna y ahora Ike-, hemos padecido dolorosas pérdidas de vidas humanas así como del patrimonio de millones de personas en los países de la región. En México, las abundantes lluvias han dejado ya profundos daños en la agricultura, el comercio, la vivienda, las comunicaciones y la infraestructura de importantes regiones del país.

Sólo por dar un ejemplo, el día de hoy las autoridades ambientales reconocieron que al menos 400 presas en el país (muchas de ellas con más de 50 años en funcionamiento) necesitan atención urgente, ya que su construcción fue pensada para asimilar un nivel de lluvias que, hoy, ya ha sido modificado sustancialmente por causa del cambio climático. Y, también, resulta preocupante constatar que existen numerosos asentamientos humanos ubicados en las áreas de desfogue de muchas de estas presas, lo que –de acuerdo a las autoridades- pone en alto riesgo a más de 300 mil personas. En decenas de presas en el norte del país el agua ha superado su capacidad de almacenamiento, siendo que la temporada de lluvias y de huracanes de este año aún no concluye.

Los especialistas han demostrado que el aumento de las temperaturas en la capa superior de los océanos produce más energía de convección (o más combustible, por decirlo de manera figurada) para impulsar huracanes más poderosos, e incluso es la causa más probable del aumento de su frecuencia. La presente generación hemos sido testigos, como ninguna antes, de la inconmensurable capacidad destructiva de los huracanes: desde el violento embate de Gilberto –en 1988- sobre la península de Yucatán, Tamaulipas y Nuevo León, pasando por Mónica (en Australia, en 2006, el huracán más intenso jamás registrado en el planeta), hasta Katrina, Wilma y ahora Ike.

Huracán Katrina

Y si temían que lo dijera, así es, efectivamente: la tendencia es que año con año los huracanes serán más en cantidad y tendrán mayor fuerza destructiva. Así mismo, desde los años sesenta y hasta el presente las grandes inundaciones también han mostrado una alarmante tendencia a la alza en Europa, América y Asia; particularmente, en China, una de las civilizaciones más antiguas del planeta y que mantiene los mejores registros de inundaciones del mundo, se alcanzan hoy cifras record. Y, bueno, sin tenernos que ir más lejos, recordemos las inundaciones del año pasado en el Sureste mexicano, donde quedó bajo el agua prácticamente la totalidad de la ciudad de Villahermosa y la región Centro de Tabasco.

Ante esta realidad, es recomendable que quienes vivimos en zonas vulnerables a los huracanes o susceptibles a las inundaciones, acudamos a las unidades de Protección Civil o con las autoridades locales para saber qué hacer antes, durante y después de la emergencia.  De esta forma, sabremos si la zona en que vivimos está sujeta a riesgo, qué medidas hay que tomar en casa, cuáles son los albergues disponibles o por qué medios se recibirán los mensajes y la ayuda de emergencia.

Pero, sobre todo, es importante también que recapacitemos ya y que nos esforcemos por modificar verdaderamente nuestros hábitos de consumo que, por su irracional dispendio de energía y recursos naturales, están propiciando la elevación de las temperaturas en el planeta.▄

   

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