Medio
ambiente construido, vínculo que relaciona al humano con la
naturaleza y el planeta
Más de la mitad
de la población mundial vive hoy en concentraciones urbanas,
principalmente en países en desarrollo: ONU
El patrimonio
cultural de México, el más rico a nivel continental: UNESCO
Noticiero Antena Radio / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué Puedo Hacer Yo?, con el
Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
8 de septiembre de 2008

Es muy
común que, cuando hablamos de ecología y de la protección
del medio ambiente, la primera imagen que evocan muchas
personas es la de un bosque, una selva, animales salvajes,
el océano o cualquier otro entorno natural del planeta. Para
quienes vivimos en las grandes ciudades, hablar de “la
naturaleza” nos lleva a pensar –casi invariablemente- en
esos territorios llenos de vegetación y de vida silvestre
que comienzan justo donde termina la mancha urbana. Bueno,
afortunadamente para nosotros el concepto actual de “medio
ambiente” abarca también a los elementos construidos por el
ser humano y que, desde luego, están presentes en la
naturaleza: edificios, casas, puentes, monumentos…, ciudades
enteras.
Y es que el
“medio ambiente construido” (o la tecnósfera, como le
llaman algunos especialistas) es hoy el vínculo primario a
través del cual los seres humanos nos estamos relacionando
con la naturaleza y con la vida del planeta. De acuerdo con
la Organización de las Naciones Unidas, más de la mitad de
los 6 mil 600 millones de personas que actualmente poblamos
la Tierra vivimos en ciudades, principalmente en los países
en desarrollo. De ahí la importancia de que nuestras zonas
urbanas estén en equilibrio y en armonía con la naturaleza
que les rodea, buscando reducir los impactos causados por la
contaminación del agua, del aire o del suelo. Pero, para
lograrlo, también es imprescindible que exista equilibrio y
armonía al interior de la ciudad, entre los elementos que
conforman al medio ambiente construido y la población.
En este
sentido, en México existen ya avances legislativos para
brindar protección jurídica a sitios, construcciones e
incluso especies vegetales que, por su valor histórico,
artístico, estético, tecnológico, científico y
sociocultural, son considerados actores fundamentales para
el equilibrio social y ambiental. Un ejemplo destacado es la
Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico
del Distrito Federal, de abril del año 2000, que identifica
y protege las zonas, los espacios abiertos
monumentales y los monumentos del Patrimonio
Urbanístico y Arquitectónico de importancia para la
capital del país.
Por
considerarles fundamentales para la armonía de la Ciudad de
México, esta ley protege a zonas patrimoniales como los
Centros Históricos de Santa Fe, Mixcoac, Tacubaya,
Cuajimalpa o Mexicalzingo (entre otros), o a colonias como
Santa María la Ribera, la Juárez, la Roma, la Hipódromo y la
Condesa. Paseos y Calles como Reforma, Bucareli, Tlalpan,
Insurgentes, Ámsterdam y muchas más, fueron consideradas
por los legisladores como merecedoras de ser vistas y
disfrutadas por las generaciones futuras de la ciudad. De
igual manera sucede con espacios como el Bosque de
Chapultepec, el de Aragón y el de Tlalpan, y desde luego con
la Alameda Central, el Parque México y el España, el Parque
Lira y el Hundido –por mencionar sólo algunos. Pero también,
en el Distrito Federal la ley reconoce como monumentos
urbanísticos a especies de árboles como el ahuehuete,
el sauce, el ahuejote, el fresno y el
cedro (también protegidos por la Ley Ambiental).
De acuerdo
con la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (Unesco), el patrimonio histórico de
México es el más rico a nivel continental.
Desafortunadamente, es innegable que los recursos para su
conservación y restauración han sido y son insuficientes.
Por ello, quienes tenemos la fortuna de vivir en una de las
tantas ciudades que albergan al patrimonio histórico y
cultural del país, procuremos cuidarles del deterioro y del
olvido; evitemos dañar los espacios públicos tirando basura,
lastimando a los árboles o destruyendo los monumentos
históricos pues, a final de cuentas, al atentar en contra de
nuestra ciudad, lo estamos haciendo también en contra de la
naturaleza.
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