Insuficiente
regulación jurídica para manejo de pilas y baterías en México
Estándares de
bienestar han favorecido la creciente incorporación de
mecanismos y fuentes de energía en nuestros hogares
El manejo inadecuado de pilas y baterías, un problema de
contaminación ambiental que no estamos enfrentando
adecuadamente en México
Noticiero Antena Radio / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué Puedo Hacer Yo?, con el
Lic. Francisco Calderón Córdova / 107.9
de FM y 1220 de AM,
25 de agosto de 2008
Si algo
caracteriza a la sociedad industrial, desde su surgimiento y
hasta nuestros días, es la creciente demanda y el uso
intensivo de energía. Para hacernos de ella y poder echar a
andar la tecnología que busca mejorar los estándares
sociales de calidad de vida, la humanidad ha utilizado
fuentes energéticas como el carbón, el vapor, la fuerza de
los vientos y de los ríos, así como generación de
electricidad por la quema de hidrocarburos, la energía
nuclear o la solar –entre otras.
Los grados
de bienestar alcanzados por la población durante la segunda
mitad del siglo XX multiplicaron las necesidades, la
disponibilidad y la demanda de fuentes de energía. Poco a
poco, fueron entrando a nuestros hogares dispositivos
caseros con suficientes reservas y flujo de energía,
destinados a hacer funcionar focos de luz, aparatos
calentadores, estufas, refrigeradores y demás
electrodomésticos hoy ya de uso común. Con el avance de la
tecnología, llegaron los aparatos portátiles (como radios,
lámparas, relojes, calculadoras, dispositivos de
comunicación, etc.), y con ellos se multiplicó también su
principal fuente energética: las pilas y las baterías.
Desafortunadamente, el manejo inadecuado de las pilas y
baterías, cuando éstas concluyen su vida útil, ha
significado un severo impacto al medio ambiente por la
capacidad que tienen éstas de contaminar el suelo, el agua y
el aire. En general, entre el 30 y el 50% del contenido de
una pila como la que utilizamos –por ejemplo- en el control
remoto de la televisión, en una calculadora o en un radio
portátil, está compuesto por sustancias tóxicas que,
liberadas en el medio ambiente, son muy peligrosas para
nuestra salud (hablamos de mercurio, plomo, litio, cadmio y
níquel). Por ejemplo, una sola pila de óxido de mercurio
(como las de “botón” que usan los relojes de pulsera) puede
contaminar hasta 600 mil litros de agua; es decir, con sólo
11 de estas pequeñas pilas podemos contaminar más de 6
millones y medio de litros de agua, que es lo que contiene
la alberca olímpica, la zona de polo acuático y la fosa de
clavados de la Ciudad Universitaria.
Cada año
van a dar a la basura y, desde luego, a los tiraderos
municipales de todo el país, alrededor de
36 mil toneladas de baterías usadas. De acuerdo al Instituto
Nacional de Ecología, en promedio cada mexicano utiliza
hasta diez pilas al año, lo que multiplicado por una
población de más de 100 millones de personas, nos da una
cifra que es sin lugar a dudas ambientalmente negativa y -en
términos de salud pública- sumamente alarmante.
En México –como también sucede en otros países del orbe- la
ley no da a las pilas y baterías la categoría ni el manejo
de un residuo peligroso. Menos aún existe una
infraestructura suficiente para su acopio, reciclaje o
disposición final. Hay esfuerzos notables, como el
Programa de Manejo Responsable de Pilas en el Distrito
Federal o como los centros de acopio de baterías usadas
de algunas compañías de telefonía celular y de acumuladores
para autos, pero lo cierto es que se trata de un problema de
contaminación ambiental que no estamos enfrentando
adecuadamente.
Los usuarios de pilas y baterías podemos hacer mucho desde
nuestros hogares para reducir los daños al medio ambiente.
Exijamos a las autoridades implementar sistemas adecuados
para el acopio y manejo integral de las pilas; optemos por
las pilas recargables, pues pueden sustituir 300
desechables; siempre que sea posible, evitemos el uso de
baterías y prefiramos la energía de la toma eléctrica (que
es 450 veces más barata); no compremos pilas piratas, pues
duran menos, contaminan más y son más tóxicas; busquemos
centros de acopio o, antes de tirarlas a la basura,
coloquemos las pilas dentro de una botella plástica bien
cerrada, para evitar que al escurrir contamine el suelo y el
agua. Pero sobre todo, informémonos sobre el consumo
ambientalmente responsable de estos productos de uso común.
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