Son necesarias políticas públicas de largo alcance para enfrentar el deterioro ambiental

• Hay múltiples problemas que afectan el medio ambiente • Su solución implica la participación de los ciudadanos • La ciudadanía tienen el deber de informarse sobre los derechos ambientales

México, D.F., 14 de abril de 2006. Texto: Andrés Ortiz

En el programa “Habla con ellas”, transmitido por la XEB “La B grande de México” (1220 AM) fue entrevistado la mañana de este viernes el Coordinador de Participación Ciudadana y Difusión, y vocero de la PAOT, Francisco Calderón Córdova. La conductora de este conocido programa del Instituto Mexicano de la Radio (IMER) fue la periodista Rita Abreu. El tema abordado fue: “Los problemas del medio ambiente”.

Calderón Córdova puso al auditorio en antecedentes acerca de los quehaceres y propósitos de la PAOT. Para ello habló del carácter de ombudsman ambiental de la institución y del desarrollo que ha tenido desde que comenzó sus actividades en 2003, cuando pudo arrancar con todas sus capacidades. Asimismo, Calderón delineó la defensa de los derechos ambientales y urbanos de la ciudadanía como el principal objetivo institucional.

A la petición de la conductora para que explicara qué es el medio ambiente, Francisco Calderón dijo que se trata del entorno que nos rodea, incluyendo todos los elementos que existen y hacen posible la vida, tanto la de los seres humanos como la de otras especies vegetales, animales y de microorganismos. En este sentido, el equilibrio de fuerzas y elementos -agua, aire, suelo, clima y otros- que existe en el medio ambiente, es lo que permite y propicia el desarrollo de las comunidades humanas y las demás especies vivas. Pero desde hace tiempo sucede, prácticamente desde el inicio de la Revolución Industrial, que las propias actividades humanas se convierten en fuerzas que están desequilibrando el medio ambiente y su capacidad de sostener de manera óptima a la vida.

Así, por ejemplo, la combustión de carbón y petróleo para producir energía motriz y calorífica ha venido afectando muy severamente no sólo la calidad y el equilibrio de los gases que componen la atmósfera, sino que ahora también hay fuertes impactos sobre el clima y una agudización de ciertos fenómenos naturales que se han convertido en catástrofes. De esto tenemos los ejemplos del huracán “Katherine”, en Nueva Orleáns, o los deslaves e inundaciones en la costa de Chiapas producidos por las lluvias que trajo “Wilma”. Las graves afectaciones a los bosques de la región fueron, en gran parte, la principal causa del severo impacto ambiental y en la calidad de vida de las comunidades de la región.

En nuestro país, y específicamente en la Ciudad de México, tenemos una serie de asuntos sobre los que debemos trabajar para evitar que los desequilibrios ambientales se transformen en desastres, pérdidas o cataclismos. Por ejemplo, recientemente todos los defeños escuchamos hablar sobre la celebración del IV Foro Mundial del Agua en nuestra ciudad. Se trató de un esfuerzo a escala mundial muy importante, para buscar soluciones al grave problema de la contaminación y la escasez de agua dulce en prácticamente todos los países del orbe. Las maneras en que se usa el agua, sea en el ámbito doméstico, en el agrícola o en el industrial se han vuelto cruciales, pues impactan fuertemente a las existencias del líquido y con ello a todo el medio ambiente terráqueo.

También tenemos problemas de contaminación del aire, básicamente por el mal uso de la energía, la quema de combustibles fósiles (como la gasolina y el petróleo) que producen emisiones que afectan a la atmósfera. El mal manejo de los residuos sólidos, lo que llamamos basura, es otro factor de contaminación del aire por el gas metano, sustancia que además contribuye al calentamiento global del planeta. También hay contaminación de suelos y agua por los lixiviados que llegan a penetrar en las capas subterráneas.

La deforestación es asunto de suma gravedad; la dimensión catastrófica que adquirieron los huracanes antes mencionados tiene gran parte de su origen en la devastación de manglares, bosques y otras cubiertas vegetales del suelo. La tala de árboles en la Sierra chiapaneca, reiteró Calderón Córdova, fue lo que posibilitó las inusuales y fuertes crecientes de los ríos que golpearon las poblaciones de la costa.

Todos estos impactos ambientales negativos se relacionan con las actividades y las formas de consumo humanas. Vivimos en una sociedad que induce al consumo irracional y desmedido. Las repercusiones que tiene nuestra forma de consumir se manifiestan en nuestra economía, nuestra salud y en el equilibrio ambiental. Y se trata de afectaciones tanto a nivel de individuos como de sociedades.

Si bien la solución de estos problemas no es algo fácil, tenemos muestras de que con políticas de largo alcance, aplicadas en lapsos de tiempo suficientes, se pueden obtener resultados positivos. En el caso de la zona metropolitana del Valle de México, desde la década de los años ochenta del siglo pasado se comenzaron a aplicar medidas contra la contaminación atmosférica, por ejemplo, la vigencia del programa “Hoy no circula”, la instalación de una red de monitoreo de la calidad del aire, las verificaciones periódicas de los vehículos automotores, la obligación de detener ciertas actividades industriales en caso de contingencia ambiental; todo esto ha contribuido a mejorar la calidad del aire que respiramos aquí, por lo menos respecto a lo que sucedía en los ochenta.

En el nivel individual una forma de contribuir a la solución de los problemas ambientales es modificar los hábitos de consumo. Si bien al principio esto pude parecer complicado sí se puede lograr. Por ejemplo, en cuanto al consumo de agua, debemos tratar de ahorrar la más posible: un regaderazo no debe durar más de cinco minutos; el cambio de los depósitos de agua de los excusados de 15 a 6 litros ayuda mucho; no se debe usar el excusado como bote de basura; reparar las fugas de agua en las viviendas; en fin, se trata de una serie de acciones cotidianas que pueden contribuir al ahorro de muchos litros de agua que se están necesitando desesperadamente en otras partes de la ciudad, como en Iztapalapa donde la escasez del líquido afecta a miles de personas.

El consumo ineficiente del agua muestra que hace falta desarrollar una cultura con respecto al agua que nos lleve a apreciar más la importancia ambiental de este recurso, a economizar más su uso y a considerar la accesibilidad al líquido como un derecho humano inalienable. También hay una dimensión del asunto que tiene que ver con la calidad de la infraestructura hidráulica con la que contamos; en la Ciudad de México muchas fugas de agua se producen cuando las tuberías se rompen como consecuencia del hundimiento gradual del suelo (que, a su vez está determinado por la extracción de agua de los mantos freáticos). El ajuste y recomposición de esta infraestructura son, por tanto, necesarios. Pero los precios y la evasión de pagos que se dan en torno al servicio de agua potable no ayudan a que se reinvierta dinero en la mejora de la red de agua.

Es importante apoyar el programa de separación de residuos sólidos, no sólo porque simplemente así lo dicta la nueva Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, sino además porque la participación ciudadana en este sentido puede convertirse en el motor que dinamice un nuevo y ambientalmente adecuado manejo de la basura. No basta con pretender que el gobierno es el único responsable del manejo de los residuos, también la sociedad civil y el sector empresarial deben involucrarse. Afortunadamente, ya hay ejemplo de organizaciones sociales y de empresas que sostienen proyectos de reciclaje y separación fina de los residuos sólidos.

Entre las acciones que pueden contribuir a cuidar y mejorar el medio ambiente están también la protección y el cuidado de las áreas verdes y del suelo de conservación, por un lado, y el asumir que los espacios públicos son un bien común que además de usar, debemos respetar y mantener como lo hacemos con los espacios privados.

A fin de cuentas, existe todo un instrumental jurídico que tiene como finalidad garantizar a la ciudadanía el disfrute de un medio ambiente equilibrado y de los recursos naturales con los que contamos. Pero es necesario que los ciudadanos se informen y conozcan sus derechos en materia ambiental, así como los límites que no deben rebasarse para mantener una convivencia adecuada y sustentable con el medio ambiente.

En el transcurso del programa se trasmitieron cápsulas informativas sobre la temática tratada.

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