Vivir en barrancas, un riesgo
para la vida
El valor ambiental de las barrancas es enorme, pero muchas
veces es poco reconocido. Al construir en barranca no sólo
arriesgamos nuestro patrimonio, sino también la vida
Cambiemos
Juntos,
ISSSTE. Mónica Reyes y José Antonio Vega, conductores /
Estadio W 730 AM
Ciudad de México
Viernes 16 Noviembre, 2007
Entrevista transmitida el jueves 15 de noviembre de 2007.
6:00-6:15 hrs. Texto: Érika Larios. Fotografía: Francisco
Calderón.
Ayer
jueves, en el programa “Cambiemos Juntos” –que es conducido
por Mónica Reyes y cuya producción corre a cargo del
ISSSTE-, se contó con la presencia del Lic. Francisco
Calderón Córdova, Coordinador de Participación Ciudadana y
Difusión de la
Procuraduría Ambiental y
del Ordenamiento Territorial del Distrito Federal (PAOT),
quien habló sobre el valor ambiental de las barrancas.
El
funcionario explicó que las barrancas son áreas naturales de
escurrimiento del agua y, por lo tanto, zonas de captación
de este recurso gracias a las cuales se recargan los mantos
acuíferos. En el caso del DF, su importancia se incrementa
si consideramos que el 70 por ciento del agua que consumimos
proviene de la lluvia que se filtra al subsuelo, señaló.
Asimismo,
las barrancas también son zonas arboladas que ayudan a
controlar los vientos y producen oxígeno. Sin embargo, pese
a todos los beneficios que brindan estas áreas verdes,
también representan un riesgo ya que por ellas corre el agua
que puede provocar deslaves, sobre todo cuando se
deforestan. De ahí que sean áreas riesgosas para quienes las
habitan, advirtió.
Desgraciadamente este fenómeno, en lugar de disminuir, se ha
ido incrementando debido a la necesidad de vivienda que
tienen las personas y que ven en las barrancas la forma de
satisfacerla, desconociendo muchas veces sus consecuencias.
Esta situación “pone en riesgo no solamente la pequeña o
gran inversión que pudieron haber hecho, sino también sus
vidas”, enfatizó el también vocero de la
PAOT.
No
obstante –continuó explicando
Calderón Córdova-,
el establecerse en estas zonas no es un fenómeno exclusivo
de la gente de escasos recursos, como comúnmente se le
identifica. También hay grandes casas, incluso con canchas
de tenis, que se construyen en barrancas aún con la amenaza
de que se colapsen con un deslave en cualquier momento.
“Hemos visto en las noticias cómo se han derrumbado
habitaciones completas, y aunque en algunos casos la pérdida
ha sido sólo material, en otros sí ha habido desgracias
humanas”. No hay que olvidar que el cambio climático que
padece el planeta ha incrementado las precipitaciones, las
cuales seguido rebasan los registros históricos, dijo.
Otros
factores que están dañando enormemente a las barrancas es el
depósito de residuos de la construcción –cascajo- y de
basura, y la descarga de aguas residuales, lo que provoca la
contaminación del suelo y del acuífero, apuntó.
El
funcionario comentó que varias delegaciones del DF cuentan
con barrancas -sobre todo en la parte poniente y norte-,
entre ellas: Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Miguel Hidalgo,
Magdalena Contreras, Tlalpan, Milpa Alta y Gustavo A.
Madero; muchas de ellas colindantes con el Estado de México.
Lamentablemente su regulación y vigilancia –para evitar su
invasión- no le ha quedado muy clara a las autoridades; ya
que el cauce del río es competencia federal, más arriba es
de la delegación, pero si hay áreas forestales es de otra
autoridad.
Por ello
que sea importante denunciar cualquier acto que constituya
una violación a la legislación vigente en materia ambiental
o urbana, ya sea una construcción precaria o una torre de
condominios de lujo que se esté haciendo en una barranca,
señaló.