Ponte las pilas… y cuidemos al mundo

Un objeto tan útil en nuestra vida cotidiana y tan aparentemente inocuo, como son las pilas alcalinas que utilizamos en un sinnúmero de aparatos y herramientas, puede convertirse en un mortal veneno y también ser el motivo de la pérdida de nuestra salud. Por ello, es necesario tomar medidas para hacer un buen manejo de ellas cuando nos han dejado de ser útiles

Por Francisco Calderón * / Revista 365 días para vivir con salud
Ciudad de México
Viernes 14 Julio, 2006

Es increíble la capacidad de las pilas para contaminar nuestro medio ambiente; por ejemplo, una batería que contenga mercurio y tan pequeña como la que hace caminar nuestros relojes de pulsera (pila botón), tiene la capacidad para contaminar y volver inutilizable a más de 600 mil litros de agua (más de lo que consume una sola persona en toda su vida).

Las pilas que tiramos a la basura sin ningún tipo de precauciones o medidas de seguridad terminan escurriéndose y contaminando peligrosamente al suelo; además pueden llegar, mediante la infiltración natural, hasta los mantos freáticos, donde se encuentran las reservas naturales de agua dulce que consumimos los seres humanos.

Entonces, los efectos de este tipo de contaminación son graves y pueden, a su vez, traer patologías difíciles de resolver por la ciencia médica, como sucede con las enfermedades parasitarias o enfermedades del tracto digestivo.

Es importante señalar que los compuestos químicos contenidos en las pilas y baterías de uso común tienen consecuencias adversas en el medio ambiente y en nuestra salud. Para imaginar su magnitud de contaminación, basta con saber que son las causantes del 93% del mercurio en la basura, así como del 47% del zinc, 48% del cadmio y 22% del níquel.

En este sentido, el cadmio inhalado ha sido relacionado con el desarrollo de cáncer pulmonar y la EPA -Environmental Protection Agency-, (Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos), clasifica a este metal como un posible carcinógeno, ya que el contacto con niveles bajos de cadmio puede causar enfermedades pulmonares degenerativas (como enfisema y bronquitis crónica), mientras que el contacto frecuente se ha relacionado con gran diversidad de enfermedades (alteraciones cardíacas, anemia, fragilidad ósea, depresión de la respuesta inmunitaria, enfermedades renales y hepáticas).

El mercurio, por su parte, es el metal pesado contaminante más extendido en todo el planeta y, transformado por ciertas bacterias y en condiciones favorables, se convierte en un elemento muy tóxico. La inhalación de vapores de mercurio daña especialmente al sistema nervioso, y las exposiciones leves se caracterizan por pérdidas de la memoria, inestabilidad emocional (angustia e irritabilidad), insomnio e inapetencia; en tanto que, las exposiciones a altos niveles de vapor de mercurio, pueden producir daños pulmonares y la muerte. En consecuencia, las baterías o pilas de mercurio tipo botón pueden significar un peligro para los niños si las ingieren, no sólo porque pueden ahogarse con ellas, sino también porque el revestimiento de la batería puede disolverse en el ácido del estómago, liberando el mercurio contenido en la pila. Asimismo las pilas contienen una pequeña proporción de plomo.

La intoxicación recibida por éste se denomina Saturnismo, mismo que provoca, entre otros malestares, fatiga; dolor de cabeza, muscular y de estómago; anorexia, estreñimiento y, en su fase más crítica, "cólico del plomo", es decir, calambres abdominales intensos acompañados de náuseas, vómitos y presión arterial elevada.

Desafortunadamente, el esfuerzo realizado por parte de las autoridades y los empresarios para hacer un acopio más adecuado de las pilas en México, es un asunto muy complejo que no ha encontrado aún respuestas definitivas y enfocadas a solucionar este grave problema.

Mientras esto sucede –y tiene que suceder ya, sin duda-, nosotros podemos hacer mucho desde nuestros hogares para reducir los riesgos al medio ambiente y a nuestra salud, llevando a cabo medidas muy simples:

• Utilizar pilas recargables en todos los aparatos de uso común (control remoto, lámparas, radios, etcétera), a fin de reducir notablemente las baterías que terminan en la basura.

• Al tirar a la basura las pilas, es muy recomendable cubrir los polos de éstas con cinta de aislar o depositarlas en un recipiente plástico para evitar que derramen contaminantes.

• Buscar información sobre centros de acopio de baterías usadas, ya sea con empresas especializadas, centros comerciales, asociaciones e, incluso con nuestros diputados.

• Finalmente, acércate a las autoridades ambientales de tu estado o localidad para obtener información sobre las acciones que se están llevando a cabo –de manera concertada con los industriales y los consumidores- para mitigar los terribles efectos que las pilas, tan útiles e imprescindibles en nuestra civilización, pueden causar sobre nuestra salud.

 

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